Hjalmar Ruiz Tückler
Consultor
El sector de las telecomunicaciones en las Américas está atravesando un período de consolidación de cambios tecnológicos en las redes multiservicios asociadas a la prestación del acceso a internet y las comunicaciones móviles. Aparecen nuevos servicios que incluso pueden llegar a ser creados hasta por los propios usuarios, y esta convergencia impone exigencias en la capacidad de las redes que demandan inversiones adicionales.
La UIT en la cláusula 3.1 de la Recomendación UIT-T Q.1761 define la convergencia como la evolución coordinada de redes que antes eran independientes hacia una uniformidad que permita el soporte común de servicios y aplicaciones. Desde luego este concepto va más allá de las innovaciones tecnológicas. De hecho, está determinado por la combinación de tendencias tecnológicas, financieras y estratégicas que pueden ser independientes de la tecnología de soporte.
Es evidente que la convergencia pone a prueba los modelos de negocios tradicionales, genera competencia entre plataformas independientes y ejerce presión sobre los operadores tradicionales.
El gran desafío para las empresas de la industria es reorientarse hacia aquellos servicios de valor agregado que, si bien requieren grandes inversiones, permiten obtener mayor rentabilidad que la telefonía fija. Los servicios móviles impulsan la innovación permanente de las redes y el mercado. Se pasa así de un mercado monoservicio (telefonía) a otro multiservicio, con un gran volumen de contenidos dirigidos a diferentes grupos de usuarios (personas, empresas, servicios mayoristas), caracterizado por una enorme y compleja estructura de ofertas y precios.
Lo anterior determina que la regulación también se dirija no solo a diferentes servicios/infraestructuras, sino también a distintos tipos de usuarios, de modalidades de negocios, y abarca incluso multiplicidades tecnológicas no simétricas, como es el caso de los cargos de interconexión fijo-móvil, que deben evitar la constitución ficticia de barreras a la competitividad.
Los cambios tecnológicos y de servicios producidos en este período, al principio de la década, revirtieron la tendencia de la sobrevalorización económica de la industria que se produjo a nivel global hacia el año 2000, lo que también afectó a la gran mayoría de los agentes vinculados a los servicios de información y las comunicaciones (TIC).
A partir de ese momento, durante el primer lustro del nuevo siglo, el sector ingresó en un intenso proceso de transformación modificando fundamentalmente la estructura de negocios de los operadores tradicionales.
Si bien los países desarrollados siguieron dominando el mercado de los servicios de telecomunicaciones en esa etapa, como lo hacen ahora, han ido perdiendo relevancia global. Entre 2002 y 2010 los tres mercados principales (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón) disminuyeron su participación relativa en los ingresos totales del sector del 72 al 64 por ciento, mientras que, en el mismo período, los países en desarrollo aumentaron su participación en el mercado mundial del 20 a casi el 30 por ciento.
Más aun, en 2010, cerca del 80 por ciento del crecimiento de los ingresos globales tuvo su origen en los países en desarrollo. Vale por tanto consignar que las diferencias de prestaciones de servicios entre los países desarrollados y en vías de desarrollo en América se ha reducido notablemente. Integración de servicios: nuevas exigencias.
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