Oncólogo de presidentes
El doctor Paulo Hoff es el director de Oncología del Hospital Sirio-Libanés de Sao Paulo. Asumió tan importante cargo con apenas 38 años de edad en 2006. Actualmente este oncólogo brasileño forma parte de la lista de los mejores especialistas del mundo en cáncer.
Hoff hizo residencia en medicina interna en los Estados Unidos en el Hospital Jackson Memorial. Debido a su excelente carrera recibió invitación para estudiar en el MD Anderson Cancer Center, que es considerado el mayor centro de referencia en oncología mundial. Pasó unos 16 años de su formación médica en los Estados Unidos hasta que volvió a su país para asumir el cargo de director del Hospital Sirio-Libanés.
En los últimos años Hoff saltó a la palestra pública brasileña porque fue el jefe del equipo médico tratante del cáncer de la actual presidenta Dilma Rousseff y del expresidente Lula da Silva (también del expresidente de Paraguay, Fernando Lugo). La opinión pública brasileña digirió sin mayores problemas esta situación porque el reputado doctor Hoff fue el vocero encargado de informar, desde el momento de su aparición, del desenvolvimiento de la enfermedad en ambos mandatarios. Nada extraordinario se nos podría decir en un país democrático.
Lamentablemente, en Venezuela las cosas han sido totalmente diferentes. El cáncer que padecía el presidente Chávez lo llevó cuatro veces al quirófano en Cuba y hasta la fecha de su muerte no había aparecido un médico especialista, un oncólogo, que informara con claridad y conocimiento de causa al pueblo venezolano sobre la enfermedad del presidente.
Este asunto del vocero calificado se convirtió en algo extremadamente humillante para los venezolanos. Ya no solo eran los partes médicos vagos e imprecisos de los funcionarios públicos, sino los que ofrecían presidentes extranjeros haciendo alarde de estar mejor informados que los venezolanos.
El último parte médico lo emitió el presidente de Bolivia, Evo Morales. Este declaró: “Hay momentos en que está bien, fortalecido, según información de los médicos, de la familia, pero rápidamente también tiene problemas, así como una recaída”. El colmo de la humillación y del ridículo fue que Morales afirmara que la información del estado de salud del presidente Chávez la obtuvo de los médicos tratantes y ninguno de estos informara de dicho estado al pueblo venezolano.
Baldomero Vásquez. Periodista venezolano.
En espera del nuevo pontífice
“Siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y que la barca de la Iglesia no es mía…, que es suya y no la deja hundirse”, (Benedicto XVI). Eso explica su serenidad admirable, y la nuestra en la espera del nuevo pontífice, seguros, como el papa emérito, de que es el Señor quien conduce a su Iglesia, “ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido”.
Dios no elige a nuestro modo, en su designio no están siempre los mejores, y muchas veces se sirve de los más humildes para las obras más grandes. Lo que le importa es la docilidad del alma. Este conocimiento aporta mucha paz y esperanza, y decimos con el papa emérito: le “prometo reverencia y obediencia incondicionales”. Sí, aun sin conocerlo.
El papa Benedicto fue también un padre tierno: “He querido a todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el corazón de pastor, sobre todo de obispo de Roma, de sucesor del apóstol Pedro”. Como digo a mis hijos, qué sabias estas palabras suyas: “He pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa”, y con cuánta dignidad se retira: “No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado”.
Josefa Romo
Benedicto XVI y Chávez
Benedicto XVI y Hugo Chávez son dos grandes personalidades de este siglo XXI que hoy nos ponen a pensar como también a meditar.
El primero renunció a su papado como jefe de la Iglesia católica desde la Santa Sede por razones de salud y el segundo se resistió a dejar la Presidencia de la República bolivariana de Venezuela a pesar de su enfermedad terminal y a cualquier costo que fuese posible.
Tales situaciones nos vienen a dar una gran lección basada en aquel viejo refrán que dice: “¡El hombre propone y Dios dispone!”
Salvador Pérez González. Periodista de Matagalpa.
Ilógico precio del combustible
Escribo en relación con el artículo “Gasolinas más caras que nunca”, y a la columna de Fabián Medina, “En letra pequeña”, publicados en LA PRENSA el primero el 26 de febrero pasado y el segundo el 28 del mismo mes, y ambos relacionados a los altos precios del combustible en Nicaragua.
Al respecto quiero indicar que hasta finales del 2003 trabajé durante 27 años para una compañía petrolera, una buena parte de esos años en Nicaragua y en un puesto de dirección y conozco a fondo el sistema de determinación de precios de los combustibles al consumidor, vigente en esa época; cabe pensar que de entonces para acá el sistema seguirá básicamente igual.
Igual que con otros productos importados, el precio final (precio al público o “precio bomba”) de los combustibles se determina partiendo de un precio base (precio FOB del crudo o de sus derivados), más una serie de elementos, como flete y seguro marítimo, pérdidas en tránsito y por almacenamiento (por evaporación del combustible), comisiones bancarias, cargos portuarios, impuestos de internación y flete terrestre.
Un último elemento de la fórmula es el margen, primero, de las distribuidoras mayoristas (la empresa importadora del producto refinado o la operadora de la refinería, en el caso de importación de crudo; luego, el de la petrolera que distribuye el combustible a las estaciones de servicio; y finalmente, el del minorista (detallista de la estación de servicio); al respecto y sin entrar en detalles, durante el tiempo que trabajé para la petrolera en Nicaragua (y en otros dos países de Centroamérica), nunca observé un margen de la petrolera distribuidora que pudiera calificarse de “obsceno o leonino”, ni nada parecido; era un margen con el que, como en cualquier otra empresa, se buscaba obtener un retorno sobre la inversión acorde con los estándares de la petrolera y con las exigencias del mercado.
Dejando a un lado el margen, muchos de los otros elementos son un porcentaje del precio base, o precio FOB, o varían de acuerdo CON ese precio en una relación no porcentual. Por eso es que no logro entender cómo, si el precio del crudo (precio base para determinar el precio al público) en el 2008 llegó hasta US$$ 147 por barril y actualmente anda por los US$$93 por barril (un 37 por ciento más bajo que el precio en 2008), el precio actual de los combustibles sea, ¡increíble! un 7 por ciento más alto que el existente en el 2008. Simplemente no hace lógica.
Aún me cuesta más entender cómo nadie (poder ejecutivo, Asamblea Legislativa o empresa privada) da una explicación al respecto; explicación real, con hechos y números, y no con argumentos populistas y distorsionadores.
Pero lo que me cuesta más y más entender es nuestra apatía e indiferencia, nuestro yoquepierdismo, que nos llevan, como borregos de desfile, a pagar lo que sea, lo que nos impongan, sin cuestionar ni reclamar nuestros derechos.
René García Urcuyo
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