¿Qué sería de un negocio incapaz de medir sus pérdidas o ganancias? Obviamente la bancarrota. El medir resultados, o cuantificar aspectos claves para evaluar el desempeño, es fundamental para orientar la marcha de las instituciones y los individuos.
Aunque esto es más que evidente, la verdad es que la falta de mediciones o evaluaciones no son la excepción sino la regla en muchas instituciones públicas, incluyendo los ministerios de educación y las universidades. Aunque sus estadísticas miden matrículas, deserción y otros indicadores, rara vez, si acaso alguna, miden lo más importante: la calidad.
Sabemos que aumentó el número de bachilleres, pero no si saben más que antes. Sabemos el número de graduados universitarios, pero no si dominan las competencias básicas. Sabemos que hay muchas escuelas, pero no tenemos forma de comparar la calidad de unas u otras. Lo mismo con los docentes: aunque se reconoce que la calidad de ellos decide la calidad de los aprendizajes, nadie les mide el desempeño; reciben capacitaciones y talleres, pero no se distingue a quien los aprovecha de quien los desperdicia. En consecuencia, el docente buenísimo gana lo mismo que el malísimo.
Este volar a ciegas ha sido endémico en la región por varias razones: reticencia de los directores de escuela y maestros a ser medidos, fobia sindical, desinterés de los gobiernos y apatía de los padres de familia, que no exigen que les informen. Las consecuencias han sido desastrosas en términos de calidad.
Afortunadamente hay signos de cambio. Países como Chile, México, Colombia y otros, han venido experimentando modalidades de incentivos salariales vinculados al desempeño docente y encaminándose hacia la medición de la calidad académica a través de pruebas estandarizadas públicas.
Un acontecimiento espectacular, que ha servido para enfocar la atención en el caso particular de México, es el arresto, por malversar 200 millones de dólares, de la dirigente sindical más poderosa del país, Elba E. Gordillo, líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). El caso ameritó un mensaje a la nación del presidente de México, Enrique Peña Nieto, este pasado 27 de febrero. El título que escogió para su alocución; “Educación de calidad para todos”, es indicativo de su respaldo a la campaña por la calidad que han venido liderando distintos sectores y ONG mexicanas adversadas por el SNTE.
Uno de los campeones de este esfuerzo ha sido la ONG “Mexicanos Primero” (mexicanosprimero.org). Bajo su lema “Solo la Educación de Calidad Cambia a México”, y desafiando los intentos de boicot del SNTE, esta organización ha creado un Índice del Desempeño Educativo Incluyente” (IDEI), con el cual hoy los mexicanos pueden comparar el desempeño académico de los distintos estados. El ranking se basa en variables como progreso académico de los alumnos, participación de los padres de familia, visitas del supervisor escolar, retención, etc.
“Mexicanos Primero” premia también a los mejores docentes del país a través del programa llamado ABC, “Maestros de los que aprendemos”. Los criterios usados para seleccionarlos son: haber llevado a la práctica actividades innovadoras, atreverse a traspasar barreras favoreciendo el aprendizaje de sus alumnos, destacarse en su formación y actualización profesional, y haber involucrado intensamente a los padres de familia.
En Nicaragua hay razones para esperar algo parecido. Existen instituciones conformadas por ONG y empresarios preocupados por la calidad y medición de la educación, y las universidades ya comenzaron esta organización el proceso de las autoevaluaciones. Pero lo más esperanzador es que está arraigando la convicción de que una educación sin calidad no es educación y que mejorarla exige medirla. +
El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.
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