Considero que todo ser humano atraviesa en algún punto de su vida una crisis existencial y me refiero por crisis existencial a la disociación del hombre con el sentido de la vida y la desubicación de este en el plantel de la sociedad o lo espiritual o lo personal. Algunas personas, sin embargo, tienen crisis más pronunciadas que otras; mientras que otros tal vez ni se dan cuenta por lo que están pasando. Grandes autores nos han brindado increíbles literaturas que nos ayudan a discernir algunos de los tipos de crisis que se pueden presentar. T.S Elliot en uno de sus poemas más famosos, The Wasteland (La Tierra Baldía), nos presenta una excelente representación del humano consumido por los estragos de la Primera Guerra Mundial, un hombre carente de fe y esperanza ante la desintegración de la sociedad y colocando al individuo en un escenario destructivo y violento que lo obligarán a refugiarse en sus reflexiones sobre lo que acontece alrededor. El Lobo Estepario de Herman Hesse, nos dibuja un protagonista anacoreta y “ensimismado” incapaz de identificarse con la sociedad superflua que lo rodea. Al presenciar que tanto su interior como exterior están vacíos y carecen de dirección, Harry Haller (protagonista principal) se sumerge en una fuerte crisis existencial en donde tendrá que lidiar con sus lobos y demonios internos para redescubrirse.
Y a pesar que existen muchas otras obras que nos detallan este tipo de crisis, no es necesario leerlas para experimentar como son. La reciente crisis económica que ha azotado a prácticamente todo el mundo ha puesto a pensar a los humanos y sobre todo a las grandes potencias mundiales que el poder es efímero. En mi opinión ha hecho que el humano se vuelva más humilde y consciente de sus actos. Así también las guerras que están ocurriendo en el mundo abren una ventana de problemas existenciales ya que nos hace reflexionar que los valores de respeto, hermandad y solidaridad se están perdiendo. Tampoco nos podemos olvidar de las crisis religiosas que afectan la espiritualidad del individuo y que dejan un vacío en el alma, ya sea por pensar que la religión de uno no es la indicada o simplemente por dudar la existencia de Dios.
No obstante, por más aflictivo que se vea el panorama de una crisis existencial, los seres humanos pueden aprovechar su lado positivo. El hecho de enfrentarse ante una carencia de sentido sirve para aprender a reencontrar los sentimientos, valores y principios que se habían perdido en el camino ya que estas crisis sirven como espacio de autoevaluación y autorreflexión ante los disturbios y confusiones de la vida. En cierto sentido, nos hace más fuertes y seguros de nosotros mismos, ya que nos estamos descubriendo nuevamente y estamos empezando —por así decirlo— una nueva vida, una nueva perspectiva del mundo. No siempre es malo que los humanos traten de autoevaluarse de vez en cuando para ver si los actos que han cometido son los más beneficiosos tanto para uno mismo como para lo sociedad que los rodea. El autor es escritor y licenciado en ciencias políticas.
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