Don David Bayardo Muñiz, amigo nicaragüense residente en San José, California, Estados Unidos, quien me escribe regularmente para comentar esta columna y sugerirme temas o darme ideas, me ha escrito esta vez lo siguiente:
“Siguiendo con usted la continuación del relato de Japeto y el asunto del diluvio, en el cual su leyenda mitológica tiene mucha similitud con la narración hebrea, he encontrado que igualmente el mismo suceso se encuentra descrito en la cultura babilónica, donde hubo un rey llamado Enlil, que, molesto por el ruido de la humana muchedumbre, ordenó un diluvio y encargó de tal misión a un súbdito de nombre Utanapishtim, o algo así, que construyó una nave, metió allí a sus hijos, animales, etc. Y la historia del fenómeno sigue la misma secuencia de las anteriores. Como usted muy bien dice —agrega don Dabid Bayardo Muñiz—, al parecer cada cultura en los diversos países del globo tuvo una misma y propia versión de los hechos. Eso me hace pensar, si siendo la cultura babilónica anterior a la hebrea, ¿no habrá esta copiado el suceso de la anterior? Le dejo a usted la inquietud de esa pregunta”.
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Tiene razón el amigo Muñiz. Al respecto el autorizado investigador y especialista británico, Robert Graves, escribe lo siguiente en su libro Los mitos griegos : “En el mito (griego) de Deucalión queda registrado un diluvio mesopotamio del tercer milenio a.C. pero también evoca la fiesta del Nuevo Año otoñal de Babilonia, Siria y Palestina. Esta fiesta celebraba la entrega por Parnapishtim de vino nuevo dulce a los constructores del arca, en la que (según la epopeya babilonia de Gilgamesh) él y su familia habían sobrevivido al diluvio ” (Recuérdese que en la Biblia, después del diluvio Noé planta una viña y produce por primera vez el vino, con el cual se emborracha y ocurre el penoso suceso de que Cam se ríe de la desnudez de su padre, pero Sem y Jafet lo cubren pudorosamente).
Ahora bien, la repetición de relatos sobre el diluvio en culturas tan diferentes y regiones tan distantes, como son la babilónica y la maya o la hebrea y la incaica, indican que en realidad hubo esa gran inundación global que es llamada el diluvio universal. Y además subraya el rasgo común de las diversas culturas de la humanidad.
En el caso del diluvio bíblico, el mitólogo y simbologista español José Antonio Pérez-Rioja, cita en su Diccionario de Símbolos y Mitos al sabio francés de origen alemán Arnold von Gennep (1873-1957), etnógrafo y autoridad académica en el estudio de las religiones comparadas y la formación de las leyendas, quien escribió que “la leyenda bíblica del Diluvio Universal no está únicamente constituida por el tema de las aguas enviadas como castigo y a las que no escapa más que una sola familia o un solo individuo; comprende también el tema del arca, el de las parejas de animales, etc.”
Pérez-Rioja añade, de su propia cosecha, que “el diluvio destruye la forma, pero no el fondo ni la fuerza de las cosas, por lo que —luego de su eterna destrucción purificadora o regeneradora— hace posible nuevas formas de vida, viniendo a simbolizar el final de un período humano que abre paso a otro: tras del castigo —destrucción catársica o purificadora—, la regeneración”. Y explica que simbólicamente “el arca, en general, representa el poder que hace que nada se pierda y todo pueda renacer. De aquí que el Arca de Noé —uno de los símbolos más antiguamente empleados por los fieles— signifique la manifestación o presencia del Señor y la salvación eterna. Por extensión, simboliza el bautismo, sacramento de salvación”.
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