Los jóvenes del piano

Seis jóvenes pasaron a exposición en primavera. Mostraron las particularidades del piano en un camino que fue antecedido por uno de sus precursores, Juan Sebastian Bach (1685-1750), Amadeus Mozart (1756-1791) y Federico Chopin (1810-1849) .Trazaron una ruta por la prosperidad cronológica del instrumento que encendió las primeras velas con el clave y se consagró en el diseño, con cola de piano integral.

JOAQUÍN ABSALÓN PASTORA

Seis jóvenes pasaron a exposición en primavera. Mostraron las particularidades del piano en un camino que fue antecedido por uno de sus precursores, Juan Sebastian Bach (1685-1750), Amadeus Mozart (1756-1791) y Federico Chopin (1810-1849) .Trazaron una ruta por la prosperidad cronológica del instrumento que encendió las primeras velas con el clave y se consagró en el diseño, con cola de piano integral.

 El Conservatorio de la Upoli los condujo aquella noche de este febrero al Teatro Nacional Rubén Darío por iniciativa de la profesora Sumie Kohinata, al comprobar inspirada por la evidencia que ya había en los bisoños concertinos, capacidad para representar —aunque en fase probatoria— la senda evolutiva de las estrellas clásicas de siglos en el firmamento, escogidas para ser representadas: Bach. Mozart, uno de los integrantes de la tríada vienesa en la sonata que amó con vehemencia y Chopin.

El primero con “el clavecín bien temperado” como símbolo, del segundo el salto al piano promovido por la magia de Clementi, su contemporáneo en la implementación del mueble lustroso y sonoro con el cual cabía la flexibilización, desarrollo que iluminó la ruta del virtuosismo expresivo y estético y el tercero —Chopin— la imagen paradigmática, el reverente de sus antecesores en la realización pianística romántica prevaleciente hasta nuestros días.

Se soltó la maravilla de vivir la fase soñadora de la etapa previa en el Conservatorio, utilizando el pasaporte de la educación secundaria para escalar luego la cima conspicua del doctorado que ya tiene en países más desplegados la etapa coronada, siguiendo a Franz Liszt cuando afirma que “la música es el corazón de la vida”.

La presentación no defraudó a la maestra japonesa que desde la lejanía vino a Nicaragua con la voluntad bien puesta en la holgura de su idealismo.

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