En los últimos años, algunos jefes de Estado, han propuesto el tema de legalizar las drogas, el cual ha ocasionado aceptación para algunos, y repudio para muchos. Por tales razones, ha causado contradicciones, antagonismo y miedo a la adecuación social de una actividad que se reputa como antijurídica (ilegal).
Según datos publicados en LA PRENSA, hasta agosto del año 2012, la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua incautó 3,467.9 kilos de cocaína, y en el año 2011 se incautaron 4,986.3 kilos de esa misma droga. Estas estadísticas, dan muestra del gran trasiego de drogas ilegales que existe en nuestro país considerado, por su posición geográfica, como puente del narcotráfico hacia EE. UU.
Pero la pregunta del millón es: ¿Legalizar las drogas es la solución real, inminente y objetiva para detener este flagelo que ha dejado miles de muertos y ha beneficiado a los grandes capos del crimen organizado?
A pesar de la legalización, a largo plazo siempre existiría contrabando porque el precio de las drogas no estaría al alcance de las grandes mayorías. El Estado, con políticas públicas ad hoc, tendría que crear instituciones que regulasen el consumo de drogas, como la cocaína, el cannabis (marihuana), el crack, entre otras.
La marihuana, por ejemplo, causa riesgo de adicción a corto plazo y dependencia psicológica, altera la concentración, la coordinación y el balance por el Tetrahidrocannabinol (THC), que es su componente activo. La cocaína, por su parte, estimula el sistema nervioso central causando excitación psicomotriz, euforia, agresividad, etc. Su consumo desmedido solamente ocasionaría más violencia en nuestra ya subversiva sociedad.
Legalizar las drogas, sería como justificar su consumo y echar a la basura años de lucha contra la narcoactividad, y millones en pérdidas, entre otros. Las drogas habrían ganado su cometido al posicionarse en el mercado como un producto “apto para el consumo humano”.
Considero que la lucha contra la narcoactividad, en vez de hablar de legalización, que es como un “darse por vencido” ante el problema, debería de reenfocarse. Las drogas ilegales causan desintegración familiar y social dañan la salud pública y ocasionan comportamientos violentos, por eso es que su consumo es lesivo para el ser humano. Lo anterior sin perjuicio de las drogas que son utilizadas para fines medicinales.
Corolario: 1. Legalizar y poner en manos de la población un producto adictivo, que altera la percepción, capacidad motora y sistema nervioso del ser humano, entre otros, no es apropiado. 2. Se lanza por la borda los años de lucha frontal contra el narcotráfico, el dinero invertido y las vidas sacrificadas de tantas personas que han batallado contra este flagelo. 3. El poner en manos de la ciudadanía drogas de este tipo, ocasionaría más adicción y dependencia. 4. A manera de ejemplo, si por causa del alcohol, que es una droga legal, existe la enfermedad del alcoholismo causante de tanta desintegración familiar y relegación social para quien lo sufre, podríamos fácilmente deducir las consecuencias que las drogas ilegales ocasionarían, entre otros.
La solución objetiva al problema, inexorablemente debe de iniciar erradicando de raíz la corrupción desde las entrañas del sistema de cualquier país que sufre este azote. Es una cuestión de actitud que debe de fomentarse con más educación, inversión y beligerancia. La lucha contra el narcotráfico debe ser constitucionalmente una prioridad del Estado. El autor es Máster en Derecho Penal y Catedrático UNEH.
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