La Bastilla: Con sabor turístico
Wendy Álvarez Hidalgo
A las 5:00 de la mañana, cuando la espesa niebla baja de las copas de los árboles que conforman la Reserva Natural Cerro Datanlí-El Diablo, un grupo de jóvenes alimenta a los cerdos y pollos, siembran en la huerta y sirven un café humeante a cualquier turista aventurero que se atreve adentrarse en medio de la selva. Ahí, donde pareciera no haber refugio para pernoctar en las húmedas y heladas noches.
“Los cerdos tienen que comer primero que los muchachos. El cerdo come a las 5:30 de la mañana y ellos comen a las 6:30. Las aves también tienen que comer primero. Estas comen a las 6:00 en punto de la mañana y ellos comen hasta las 6:30”. Así describe el profesor César Aráuz el aprendizaje que está inculcando entre jóvenes del norte del país que se forman en el colegio Técnico Agropecuario La Bastilla, que a su vez es una finca cafetalera.
A esta escuela llegan muchachos de familias pobres del norte, donde aprenden de agricultura, ganadería, porcinocultura, turismo, avicultura y manejo de plagas durante tres años. Al finalizar ese periodo egresan con el bachillerato aprobado y con un título técnico agropecuario.
La mayor sorpresa que se llevaron estos jóvenes fue cuando entraron en contacto con las computadoras, en un laboratorio informático que recién inauguró el colegio técnico agropecuario La Bastilla.
En la escuela solo hay una computadora con acceso a internet, donde los estudiantes pueden realizar sus investigaciones.
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Roberto J. Matus, director del programa de FHI360, explica que este tipo de proyecto refleja que en el interior del país, principalmente en el norte, se está haciendo un gran esfuerzo para impulsar el turismo sostenible y con valor agregado.
Matus sostiene que vale la pena destacar el esfuerzo de este proyecto.
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A la fecha unos 50 jóvenes han logrado coronar una carrera técnica, algunos de los cuales ahora ocupan importantes cargos de dirección de fincas y hoteles en Jinotega.
Pero ¿cómo comenzó este proyecto agropecuario? Este esfuerzo arrancó en 2005 cuando los propietarios de La Bastilla decidieron darle otro sentido a la producción de café. Iniciaron con una inversión de 300 mil dólares en una escuela primaria. Luego medio millón de dólares para la escuela técnica agropecuaria.
Los hijos de los cortadores que emplea esta finca, unos 200 durante la temporada alta de recolección del grano, fueron los primeros involucrados en este
proyecto impulsado por empresarios suizos y que han sabido llamar la atención de la cooperación internacional, como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo de la Cooperación Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés).
Detrás de este proyecto educativo y cafetalero hay historias de éxito. La de Escarleth Vanegas es una de ellas. En 2010 se graduó en la primera promoción de técnicos agropecuarios.
En 2007 Vanegas emigró de la comunidad de El Cuá a la Reserva Natural Cerro Datanlí-El Diablo. Tenía 16 años. Dice que sentía miedo, porque era la primera vez que saldría de su casa, pero ella quería formarse y brindarle a su familia la esperanza de salir de la pobreza. Y así fue.
Tras concluir un periodo de prueba, donde tuvo que ofrecer sus servicios en la finca, manejo de animales, atención a turistas, fue seleccionada para formar parte del primer grupo de estudiantes que ingresarían a la escuela técnica agropecuaria.
Durante el proceso de formación, Vargas, junto con sus compañeros, dedicaba la mitad de su tiempo a poner en práctica lo aprendido en las aulas. En la escuela se enseña a los jóvenes a sobremanejo de plagas, análisis de suelo, administración de hoteles, atención a turistas, crianza de cerdos y aves de corrales, producción de huevos, y próximamente procesamiento de leche.
Martín Montero es gerente general de la cafetalera La Bastilla, y gerente del colegio técnico agropecuario La Bastilla. Sostiene que este esfuerzo es uno de los mayores logros de esta finca cafetalera. “Hemos logrado que otros crean en nuestro proyecto y nos apoyen”.
En la escuela los jóvenes, que pagan una mensualidad simbólica, también hay un internado. El presupuesto operativo anual del proyecto es de 150 mil dólares. Parte de ese fondo es financiado por la misma finca y ajustado con cooperación internacional, principalmente suiza.
El hotel La Bastilla Ecolodge es una pieza clave y fuente de ingreso del proyecto.
Este sitio es ideal para convivir con la naturaleza. Los estudiantes se involucran en los servicios que ofrece el hotel: senderismo guiado y autoguiado, avistamiento de aves, alimentación, alojamiento. Asimismo, se ofrece un tours para recorrer el colegio y los establecimientos donde están los animales. En el avícola, por ejemplo, hay más de 3,000 gallinas ponedoras. Los huevos son vendidos al mismo hotel.
También se ofrece el servicio de traslado de Jinotega a La Bastilla. En promedio un turista puede gastar 50 dólares por día, incluido el alojamiento, alimentación y actividades de aventura.
La gerente del hotel es Vargas, quien el año pasado regresó de los Estados Unidos tras realizar estudios en Nueva York. Ella fue seleccionada por uno de los programas de becas que ofrece el Gobierno de los Estados Unidos. Ahora está de vuelta en el país y asumió las riendas de la parte hotelera y turística del proyecto.
Montero sostiene que precisamente el logro de Vargas es un ejemplo del impacto que este proyecto educativo ha tenido en la vida de los jóvenes del norte del país.
El gerente empresarial afirma que tal es la transparencia en el manejo del proyecto, que cada una de las áreas lleva su sistema de contabilidad independiente. “Cualquiera de nuestros donantes nos puede pedir detalles contables y en base a eso es que vamos logrando ser autosostenibles”, afirma.
Montero señala que uno de los mayores retos de este proyecto es conseguir a profesionales en agronomía y técnicos para que permanezcan en la escuela. Reconoce que las condiciones de la zona no son fáciles. Es bastante silvestre.
Para ingresar a esta escuela, según Montero, los jóvenes deben de tener terminado el tercer año de secundaria, tener un alto rendimiento académico, pasar un proceso de análisis socioeconómico, tener espíritu de liderazgo y pasar el proceso de pasantía.
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