JOAQUÍN ABSALÓN PASTORA
El jazz es la música clásica de América. Su acción espontánea, su dinámica capacidad de improvisar lo alejan del género que visualiza bajo la inspiración flemática. Está siempre en las cumbres. Baja a la llanura motivada por la alegría repentina y sube a su pedestal.
Acaso estaba taciturno en Nicaragua, el individualismo de su melodía, su agitación ahora se sitúa en el VI Festival Internacional de Jazz con sede en el País y descentralizada rotación en ciudades del interior para que la oportunidad de gozarlo, de vivirlo no sea solo privilegio de los capitalinos.
La prerrogativa del estreno la tendrá el Teatro Municipal José de la Cruz Mena este 21 de febrero en León. Se han implicado en su montaje el Instituto Nicaragüense de Cultura, el Banco Central de Nicaragua, la Embajada de Estados Unidos y otras instituciones con cupo en el corazón de la música histórica.
Destaca en estos eventos, una figura emblemática: Rulon Brown, quien esta vez se luce con el aporte de su laureada banda, distinguida en Seattle, conformada por Paul Rucker, Bill Horist y el genial improvisador e innovador Jeft Busch. La fornida imaginación de los visitantes siempre está sembrando para cosechar si se quiere con disciplina cíclica, frutos novedosos que elevan el desplazamiento del jazz sin complejos para exponer sus cueros al aire libre.
También es importante acreditarles una mención de honor, la cuota que ellos ponen en las magistrales enseñanzas didácticas. No solo riegan notas fértiles sino que forman e ilustran gratuitamente a las nuevas generaciones con la traslación voluntaria de sus experiencias y eso se verá en el desarrollo del evento en lugares ya especificados.
El jazz es el clásico de América porque no envejece. Es el icono en el celaje donde no se tolera a ningún trapecista intruso.
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