Luis Eduardo Martínez M.
Quienes conocen a Omar Antonio Aráuz Martínez lo describen como un joven “sin vicios” y “trabajador” y se niegan a creer que haya garroteado, atado, violado y sepultado a Zayda Janeth Guzmán Matus, una adolescente con quien convivió durante el último año.
“Mi hijo no ha sido ningún malo”, dice llorando Luz Marina Martínez, madre de Aráuz, mientras una amiga trata de consolarla en las afueras del Complejo Judicial de Matagalpa.
La familia Guzmán sostiene que antes del crimen Aráuz tuvo actitudes violentas contra la adolescente, quien había terminado la relación.
Sin embargo, Luz Marina Martínez, madre de Aráuz, se niega a creerlo y llorando dice: “Me siento muy mal por el caso de mi hijo que le acumulan muchas cosas”.
“Todos somos padres, somos madres y vivimos en esta tierra yo no sé qué tanto le han puesto el ojo a mi hijo, sino que mi hijo no ha sido ningún malo”, agrega Martínez, asegurando que Aráuz “no era violento a él le gustaba trabajar y estaba estudiando también, pero dejó sus clases para ir a trabajar con ella”.
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La amiga, sin identificarse, señala: “Ha sido buena persona, lo conozco desde chiquito, pero no se sabe qué pasó”.
Aráuz, de 19 años, fue sentenciado a 34 años y seis meses de prisión por violación seguida de femicidio, en perjuicio de Guzmán, cuya comisión admitió ante la titular del Juzgado de Distrito especializado en violencia de género, de Matagalpa, Ivania Sancho.
Aráuz debe cumplir ocho años de prisión por el delito de violación, así como 20 años “más el tercio ordenado por Ley y por la naturaleza del daño cometido”, —lo que resulta en 26 años y medio de prisión, por el delito de femicidio.
SOLO 30 AÑOS
Sancho aclaró que por disposición constitucional la sumatoria de las condenas no debe exceder los 30 años de prisión y dijo que la pena impuesta a Aráuz expirará el 4 de febrero de 2043.
Sin embargo, mientras Aráuz cumple la condena en el Sistema Penitenciario Regional de Waswalí, Sancho ordenó que debe ser valorado por un psicólogo de ese centro, quien además debe darle “seguimiento psicoterapéutico”.
Adicionalmente, cuando Aráuz cumpla la condena tendrá prohibido acercarse a 200 metros a la redonda de la casa o lugar donde laboren o estén los padres de la adolescente, que según él ató, violó y asesinó el 26 de enero.
Mientras la judicial compartía la lectura de la sentencia con una secretaria de actuaciones, en el reducido despacho judicial atestado de periodistas y camarógrafos, Aráuz escuchaba cabizbajo y mordiéndose las uñas. A su lado, el defensor Freddy Rizo.
Afuera del recinto había más familiares y amigos de Guzmán Matus pidiendo la pena máxima para el femicida. “Ese desgraciado se va a seguir hartando (aún estando preso) y a mi hija no la volveré a ver”, dijo llorando Matus Alemán al salir de la audiencia.
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