Tres palabras podrían definir la conducta iberoamericana cuando “defiende” la democracia o la honestidad administrativa: cobardía y oportunismo. Al observar el historial de las dirigencias políticas regionales (desde luego, hay excepciones), un indignado amigo, cuyo nombre omito, está escribiendo un libro intitulado Historia de América Letrina . Duro, pero descriptivo. La recién pasada cumbre de la Celac es solamente otra perla de un larguísimo collar. La que debería haber nacido como una iniciativa inspirada primariamente en el loable propósito de intensificar la cooperación (y la lejana pero factible meta de la integración multidimensional iberoamericano-caribeña), nació además de dos cuestionables propósitos-guía, que responden a la maniquea cosmovisión de Hugo Chávez, principal impulsor de Celac: primero, fortalecer a los caudillos promotores del mal definido socialismo del siglo XXI, basado en la corrupción de las instituciones democrático-republicanas. Segundo: confrontar nuestra enorme pero subdesarrollada región contra Estados Unidos y Canadá, líderes hemisféricos en desarrollo tecnológico, científico, y en solidez democrática e institucional.
La cereza que coronó al pastel de la citada cumbre fue la transferencia de la presidencia pro témpore a Raúl Castro, vicejefe del desastre revolucionario cubano, hoy en búsqueda de tímidas aperturas hacia el libre mercado. Tales catastróficos resultados sociopolíticos siguen, sin embargo, siendo modélicos para los radicales tercermunderos. Entre las más entusiastas admiradoras de esta burla a la conciencia democrática estaba la inefable presidenta Cristina Fernández quien, a pesar del voraz e ilícito incremento de su patrimonio familiar, goza del apoyo de las izquierdas.
Aquí se evidencia, otra vez, la cobardía y doble cara de la política letrinoamericana. Fue aislado y castigado el pueblo hondureño cuando todas las instituciones fundamentales del Estado propiciaron el derrocamiento de un mandatario corrupto, quien violando la Constitución buscaba su bolivariana y albista reelección. Paraguay fue expulsado del Mercosur por la destitución del presidente Lugo por el Congreso, acto políticamente criticable, aunque totalmente constitucional. La otra cara: la recepción brindada al representante y cogestor de la dictadura más vieja y represiva de las Américas. ¿Dónde quedó la defensa de la libertad y la democracia que la Celac hipócritamente menciona?
Cuba, el gran modelo de radicales tipo Chávez y cohorte, debió desarrollarse durante los 30 años de amparo político-económico soviético, pues no tenía nexos con el imperialismo explotador. Pero Cuba, empobrecida hasta la miseria y aherrojada, continúa dependiendo de benefactores externos, importa cerca del 80 por ciento de sus alimentos —muchos de ellos de los Estados Unidos— y recibe de este país remesas que constituyen su tercera fuente de ingresos. Una situación espantosa para la mayoría de los miembros de Celac. Aún así varios loaron al tirano.
Celac, (33 Estados miembros, casi 600 millones de habitantes y un PIB rondando US$$6,300 “trillones”), impresiona a primera vista. Pero su integración real fracasará mientras en su seno coexistan modelos encontrados, como el exitoso de Chile democrático, y el fracasado de Cuba oprimida. Y, punto clave, sin el fuerte desarrollo institucional, característico de las democracias, nunca ocurrirá el desarrollo socioeconómico que prometen los caudillejos que reencarnan a viejos fantasmas de la historia regional.
La fortaleza institucional es la clave del éxito de Norteamérica, excluida de Celac —salvo México— porque aquella rechaza una mayor interrelación hemisférica. Queda pues, en el papel, la integración de una región que para integrarse debe democratizarse a fondo y superar su cobardía en defensa de principios que invoca, pero que traiciona. Solo siendo valiente y rectilínea será la Latinoamérica soñada por sus verdaderos próceres. El autor es Doctor-Ph.D en Estudios Internacionales.
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