A la fecha no hay fotos, tampoco vídeos, ni entrevistas donde se muestre el real estado de salud de Hugo Chávez después de su cuarta operación, en la Habana Cuba, para controlar el cáncer pélvico que le ha tenido al borde de la muerte. No hay declaraciones ni nombres de los médicos que le están atendiendo y el gobierno de Caracas no permitió que una junta médica venezolana visitara al paciente en la Habana.
No hubo toma de posesión de cargo presidencial en Caracas y la dócil Asamblea concedió 90 días y después otros 90 para dar oportunidad a que Chávez se recupere y retome el poder absoluto que ha sostenido por 14 años en la maltrecha Venezuela.
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Después de que fue reelecto el pasado 7 de octubre con un reducido margen del siete por ciento sobre la oposición y con el inmenso poder de los petrodólares adicional al soporte del aparato gubernamental, Chávez, quien es un fanático del exhibicionismo y hasta de cantar mal las rancheras, tuvo solo media docena de apariciones en televisión, siempre desde el Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo y su residencia presidencial en los últimos años, tras su segundo divorcio.
Si el presidente no logra recuperarse, peligra dramáticamente la unidad chavista y el escenario sería complicado en extremo, especialmente para el partido de gobierno, donde de hecho ya hay sordas pugnas. No es fácil transmitir o “endosar” el liderazgo, en este caso de Chávez a Nicolás Maduro. Después de Chávez no hay ningún liderazgo que pueda aglutinar al chavismo”, sostiene José Albornoz, exdirigente del oficialista Patria Para Todos, figura cercana al mandatario. Albornoz agrega que “la oposición tiene una gran oportunidad, así como el deber y la necesidad de evitar que los radicales opositores tomen posiciones que dividan más al país. Es necesario ser muy prudentes y optar por políticas de integración”.
Por otra parte el Departamento de Estado estadounidense se inclina en el contexto donde puede abrirse un espacio político novedoso en Venezuela, ya que Maduro proviene del mundo civil y su estilo es de diálogo y negociación, no tiene madera de líder. Del lado opositor se fortalece la figura más visible, Henrique Capriles Radonski (candidato presidencial derrotado el 7 de octubre), quien se define como un hombre de centro y defensor de la inclusión social.
Observamos tristemente que todo parece indicar que el futuro de Venezuela se definirá en la Habana, donde un convaleciente Chávez deberá evaluar (si aún no muere y todavía tiene conciencia), asesorado por Fidel y Raúl Castro así como con sus más cercanos colaboradores, las condiciones que tiene de volver o no al poder.
¿Qué pasará entonces en Nicaragua? El autor es empresario.
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