Raúl Amador
Vicepresidente de Invercasa Puesto de Bolsa
La llegada de un nuevo año nos hace sentir la necesidad de realizar diversos proyectos, oportunidad que deberíamos extender hacia nuestras finanzas personales.
Es necesario empezar con una planificación personal que consiste en una estrategia individual que busca la estabilidad, seguridad y libertad financiera a corto y largo plazo. Para esto se deben tomar en cuenta al menos cuatro factores: cancelar las deudas (que quizá sea el más importante); enfocar los esfuerzos en adquirir una vivienda propia (en caso de no tenerla); presupuestar la seguridad de la familia y los bienes materiales, y destinar recursos exclusivos para el ahorro y las inversiones.
Para empezar esta planificación se debe revisar el patrimonio personal. Para esto, se hace un ejercicio que consiste en definir todos aquellos ingresos y egresos tanto fijos como casuales; esto incluye salario o promedio mensual y cualquier extra o aumento como remesas, manutención familiar, trabajos extra, etc. Recomiendo que en vez de considerar estas extras una oportunidad para gastar, lo mejor es destinarlas al ahorro de manera que funcione como un fondo de reserva para afrontar situaciones inesperadas.
Ahora bien, una vez con la lista de todo lo que entra y sale del presupuesto, es momento de restar todos los pasivos o deudas (préstamos, tarjetas de crédito, extrafinanciamiento) de todos los activos o pertenencias reales (casa, carro, negocio). Esto se hace para saber el total de nuestro patrimonio, ya sea en efectivo o bienes con que se cuentan y conocer de forma real si se tienen más deudas que bienes o si el margen es muy pequeño y por eso sus finanzas no están bien.
Luego de analizar su situación financiera es momento de trazar objetivos. Aquí puede considerar elevar sus fuentes de ingresos, eliminar gastos innecesarios o invertir sus ahorros, entre otras metas. Para evitar un listado vacío de contenido, es importante definir una cifra o porcentaje por cada objetivo y el período en que pretende lograrlo. Una vez trazado esto, el siguiente paso será diseñar el plan para alcanzar cada uno.
Por ejemplo, para cancelar deudas —que debe ser su principal objetivo— destine a la brevedad posible un porcentaje de sus ingresos para este fin y manténgalo al menos hasta que se reduzca a la mitad. Mientras mayor cantidad de ingresos pueda destinar a este apartado, mayor cantidad de recursos podrá ahorrar en intereses, lo que sin duda en un mediano plazo le rendirá grandes frutos.
Si la meta es aumentar sus ingresos puede considerar esforzarse por alcanzar las metas de su organización para acceder a bonos e incentivos, aumentar las ventas de su negocio, promocionar un nuevo producto o servicio, invertir en la bolsa de valores, entre diversas opciones.
Para reducir gastos lo mejor es empezar por lo simple: eliminar gastos innecesarios. Esto es cancelar la suscripción a algunos servicios que no son de primera necesidad, dejar algunos hábitos como el cigarrillo, la repostería de media tarde, evitar comprar cosas que no necesita, disminuir las salidas sociales o comidas en restaurantes. Son esfuerzos que parecen pequeños pero sí hacen gran diferencia.
Una vez diseñados los planes de acción, el último paso es elaborar un presupuesto personal que ayude a completar los objetivos planteados. En una tabla sencilla para el día a día anote los ingresos (sueldos, negocios, inversiones), los egresos (alimentación, educación, servicios) y haga una resta de ingresos menos egresos. El saldo es a lo que se deberá ajustar en los siguientes meses o período de sus metas. Lo final es cumplir al máximo lo trazado, ya que solo de esta forma empezará a tener control de su situación financiera.
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