Durante su presencia en Chile para participar en la Cumbre de la Unión Europea (UE) con la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac), la canciller o primer ministro de Alemania, señora Angela Merkel, fue calificada por el presidente chileno Sebastián Piñera como “líder de Europa”.
El epíteto se lo otorgó Piñera por la valiosa función que cumple Alemania actualmente, bajo el claro y firme liderazgo de la señora Merkel, en la batalla contra la grave crisis económica que sufre la Unión Europea. Pero su condición de “líder de Europa” la demostró también la canciller alemana en el aspecto ético y político, al ser la única que repudió la presencia en esa Cumbre del dictador comunista de Cuba, Raúl Castro, al que menospreció ante el público y las cámaras de televisión.
Los principales periódicos y estaciones de televisión del mundo reprodujeron las imágenes, que además fueron divulgadas globalmente por internet, cuando en el centro de convenciones Espacio Riesco, de Santiago de Chile, donde se llevó a cabo la cumbre de la Unión Europea con la Celac, la señora Merkel evitó de manera ostensible tener contacto, incluso visual, con Raúl Castro, quien intentaba saludarla y pretendía que ella lo saludara.
Para hacer más evidente su desprecio al dictador de Cuba, después de ignorarlo en público la señora Merkel se dirigió a saludar amablemente al presidente izquierdista de Bolivia, Evo Morales. Seguramente que la canciller alemana quiso de ese modo dar a entender que no es la ideología de izquierda o derecha de la persona lo que a ella le importa, sino el origen y el ejercicio del poder que ostenta o detenta el gobernante; es decir, si gobierna con un mandato popular emanado de elecciones limpias y justas, como es el caso del presidente boliviano de izquierda, o si se ha impuesto por medio de la fuerza criminal, suprimiendo las libertades y derechos democráticos, reprimiendo a los opositores y disidentes, como es el caso del dictador cubano que también es de izquierda, igual que Evo Morales.
En la actualidad, la defensa de la libertad y la democracia sufre un penoso debilitamiento por parte de los mismos gobiernos democráticos de América Latina y Europa. Una vergonzosa política de pragmatismo y aceptación de hechos consumados ha reemplazado la conducta de principios de los gobernantes demócratas, quienes ahora se abrazan con los dictadores y se hacen de la vista gorda ante los desmanes de los caudillos autoritarios contra las instituciones democráticas y los derechos de los ciudadanos.
De manera que con su desprecio silencioso pero público a Raúl Castro en Santiago de Chile, la canciller de Alemania le ha lavado la cara a Europa. Al menos hubo un gobernante europeo que repudiara al cabecilla de la dictadura más antigua y cruel de América Latina y el Caribe. Y así la señora Merkel ha enviado un mensaje de solidaridad a toda la gente que en Cuba sufre la opresión totalitaria y en otros países de América Latina y el Caribe soporta a regímenes autoritarios que violan sus propias constituciones, atropellan las instituciones democráticas y violan los derechos humanos fundamentales. Personas que, sin embargo, aún en las condiciones más adversas no dejan de luchar por la democracia y la libertad.
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