Wilfredo Montalván
Hace 120 años, en mayo de 1893 para ser más precisos, se produjo en el Harmand Hall de Nueva York (USA) el trascendental encuentro de los dos gigantes de la literatura latinoamericana: Rubén Darío y José Martí.
El Apóstol de la Independencia de Cuba, a quien cariñosamente llamaban “El Maestro”, había expresado vivo interés en conocer al bardo nicaragüense que para ese entonces era el favorito de las musas y de renombre mundial. De ese histórico momento Darío nos cuenta: “Me encontré entre los brazos de un hombre pequeño de cuerpo, rostro iluminado, voz dulce y dominadora al mismo tiempo y que me decía esta única palabra: ¡Hijo!” Rubén salió tan bien impresionado de la reunión que luego expresó: “Nunca he encontrado ni en Castelar mismo un conversador tan admirable” como José Martí.
He traído esto a colación, porque ante el gesto digno y patriótico de los pobladores de Ciudad Darío encabezados por su alcalde legítimamente electo, don Edgard Matamoros y sus concejales, tal pareciera que los manes de Darío y Martí, en un vuelo imaginario montados sobre Pegaso, han decidido reencontrarse 120 años después en la ciudad donde nació el Príncipe de las Letras Castellanas para llevarles a nuestros conciudadanos la luz de su inspiración y de su aliento.
Es así como escuchamos que mientras Darío clama: “Nicaragua está hecha de vigor y de gloria/ Nicaragua está hecha para la libertad/”, en un alimón extraordinario y de olímpicas resonancias, Martí le responde con tres elevados pensamientos que están poniendo en práctica los salvadores de la dignidad nacional en Ciudad Darío. Estos son: a) el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. b) Un principio justo desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército. Y c) Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres.
Estimamos los nicaragüenses en el exterior que es también digna de encomio la actitud asumida por el diputado Santiago Aburto y por los ocho candidatos a concejales de San Francisco Libre, que no solo han expresado su disposición a no ser cómplices de la farsa electoral pasada, sino que han instado a sus compañeros en todo el país a que renuncien a seguir siendo parte del sistema corrupto e inconstitucional que la familia Ortega-Murillo y su camarilla, pretenden consolidar en detrimento de la bienandanza nacional.
Consideramos también nosotros que ya es hora de desenmascarar a tanto sinvergüenza que con tal de estar pegados a la teta del presupuesto no les importa la dignidad y el buen nombre del país. Diputados, concejales y otros tantos parásitos, en vez de estar recibiendo las migajas que les tiran los usurpadores del poder público, deberían, por lo menos, estar protestando en las calles contra una familia que respaldados por un ejército y una policía espurios están desprestigiando al país y a nuestro pueblo. Basta ya de mentiras y pretextos vanos para seguir engañando al pueblo. O se es opositor o no se es. Los espacios que dicen haber logrado los diputados del PLI doblando la cerviz, ya está demostrado que para lo único que sirven es para legitimar los abusos del dictador y para corromper más el aire viciado en que hoy se desenvuelve la putrefacta clase política nicaragüense.
Hablemos claro: quienes colaboran con el régimen corrupto y despótico de la familia Ortega-Murillo están cometiendo el delito de lesa patria y pueden ser calificados como traidores de la causa libertaria del pueblo nicaragüense. Están mancillando con su actitud colaboracionista, la sangre derramada por los mártires de abril del 54; por los mártires de la cruenta lucha contra la dinastía somocista como los masacrados del 22 de enero de 1967; por los que murieron bajo la bandera de la Resistencia Nicaragüense en la década de los ochenta; y por Juan Miguel López y José Vidal Obando que cayeron en la pasada farsa electoral en Ciudad Darío luchando por un ideal que nos quieren arrebatar.
Todos esos mártires se sacrificaron para que los nicaragüenses tuviésemos verdaderas elecciones libres, justas y honestas, con gobiernos decentes y respetuosos de nuestra Constitución y nuestras leyes: y no para que unos cuantos pancistas y oportunistas fueran a medrar bajo la sombra del Presupuesto Nacional.
El autor es Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE)