Drogodependencia
Es importante que las instituciones del país ligadas a la salud pública y organismos no gubernamentales que trabajan en la temática de la drogodependencia trastoquen la raíz del problema. Creo además necesario que profesionales individuales e institucionales que a diario trabajan en estudios (científicos-técnicos) de identificación de causas y efectos de drogodependencia traten de consensuar una guía para atender a grupos vulnerables (consumidores y no consumidores), y esta no debe verse como camisa de fuerza, si no como el paso a paso del quehacer en la lucha de reducir la drogodependencia, principalmente en jóvenes que son el futuro de la nación.
Sin embargo, esto no es una apología para lograr el descubrimiento de la fórmula secreta que de la noche a la mañana resolverá de un tajo la situación. Para mí es una puerta que debe ampliarse; es una ventana que debe abrirse para aquellos grupos vulnerables atrapados, y que dependen de una botella de alcohol, churro y/o tila para “viajar”, según ellos.
¿Cuántos Rubén Darío perdemos todos los años por la falta de atención a la raíz de los problemas sociales? Principalmente los relacionados al consumo de drogas, el reto planteado debe seguir por el camino correcto. Estudiando las causas, mejorando el entorno, capacitando a las madres, familiares, amigos, vecinos, maestros, etc. Todos cercanos a los drogodependientes.
La reflexión que deben considerar quienes dirigen la nación debe contener un análisis exhaustivo acerca de si tener un satélite espacial reducirá la destrucción de nuestros jóvenes consumidores; el divorcio en la pareja producto del alcoholismo de uno de sus miembros, la violencia intrafamiliar; la pérdida de los sueños por no encontrar oportunidades y resolver la situación sumiéndose en la droga. Son aspectos importantes que deben considerar los nuevos gobernantes municipales al momento de elaborar planes de desarrollo, asimismo los presupuestos de inversión.
Salomón Samuel Mendoza Suárez. Municipalista.
Menosprecio del INSS a jubilados
Antes de hacer mi crítica con ánimo constructivo quiero aclarar que no tengo queja de mi centro de atención previsional privado, ni de sus médicos, personal o su administración en la atención a mi salud, ni de la atención complementaria recibida del INSS (sin influencias ni privilegios). Sin embargo considero que la política en la atención médica es discriminatoria y afecta a las personas jubiladas, sobre todo a los ancianos.
En mi clínica previsional los asegurados activos tienen salas de espera amplias y con aire acondicionado, el tiempo de espera es corto, el control de citas es ágil y el despacho de farmacia es rápido. En cambio, a los ancianos jubilados (generalmente hipertensos, diabéticos, débiles, frágiles) los mandan a un local donde esperan hacinados, sin aire acondicionado, con muy poco personal médico para la demanda y donde pasan un promedio de 4 horas entre la espera de atención del médico hasta la salida con sus medicamentos. Incluso, para esperar la anotación de la nueva cita y recibir medicamentos están en un cobertizo inapropiado.
La clínica previsional dice que el “per cápita” que el INSS destina para atender a los jubilados es considerablemente menor que el de los activos y la lista de enfermedades, medicamentos, exámenes, etc. es más reducida (¡cuando más enfermedades se sufren!). Aunque en la Farmacia Simón Bolívar y otras dependencias del INSS suplen con órdenes aparte lo que no atienden directamente las clínicas, la pregunta es: ¿Por qué el INSS mantiene diferente política de atención médica discriminando a los jubilados? ¿Por qué obligarlos a ir de uno a otro lado cuando muchos apenas caminan? Ellos aportaron al INSS (y a la nación) toda su vida con su trabajo y sus cotizaciones. ¿Acaso no tenemos una ley que manda hacer todo lo mejor por la “tercera edad”?
El INSS debe igualar la política de atención médica de los activos y los jubilados, en vez de discriminarlos y mandarlos a una “atención de segunda clase” como sucede en este momento en las clínicas. ¡Los pacientes jubilados deben recibir la misma atención y en el mismo sitio, o sea todos iguales!
Adolfo Miranda Sáenz. No. INSS 01252747
La roya y las universidades
Es del conocimiento de todos los nicaragüenses el problema de la roya en el café, sin embargo a ciencia cierta la mayoría de la población ignora el impacto económico y social que generará en nuestro país. No es un problema exclusivo de los productores de café, ni de los pobladores del norte del país sino de toda la sociedad, debido a que el impacto económico será fuerte y durará años recuperarse del mismo.
La roya no es un problema nuevo, los productores mismos han hablado del problema a través de los medios de comunicación, ahora yo me pregunto ¿dónde están las universidades? Cada año cientos de estudiantes realizan trabajos de investigación para poder graduarse como ingenieros agrónomos. ¿Han sido estos trabajos dirigidos a problemas reales y objetivos de nuestro país? ¿Dónde están los resultados de estos estudios? ¿Han sido de alguna manera productivos para la sociedad? O son solo papel en el escritorio de sus tutores y en las bibliotecas de las universidades.
Probablemente mis palabras no sean gratas para muchos, pero espero calen en aquellos en cuyas manos está dirigir a los jóvenes de este país, a devolver con conocimiento científico la inversión que la sociedad hace en los estudiantes universitarios. Los productores están preocupados, necesitan el apoyo de la sociedad, las universidades cuentan con los medios y con el capital humano para ayudarles a resolver este problema. Las respuestas están ahí mismo, en el campo, solo es cuestión de enfocar esfuerzos. Recordar que somos una sociedad, lo que afecte a un sector de la economía, tarde o temprano nos afectará a todos.
Magda Alonso de Castilla.
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Felicito al ingeniero Mario Hurtado Jiménez por su acertado artículo titulado “Cuentas por pagar”, publicado el sábado 12 de enero en la página de Opinión de este prestigiado Diario.
El ingeniero Hurtado, con claridad y profesionalismo describe la personalidad del laureado escritor Sergio Ramírez, que al igual que muchos colaboradores cercanos de Daniel Ortega en la tenebrosa década de los ochenta, hoy se cobijan con la bandera de la democracia, el respeto a los derechos humanos y de la libertad de prensa. Hipócritas. ¿Cuando tuvieron qué hacer filas en los puestos de Enabas para obtener el AFA? Nunca. Ellos estaban saboreando las mieles del poder.
Compositores sandinistas cantaban a Ortega, esperando alguna prebenda. Embajadores que defendían en el exterior las leyes implementadas por el gobierno sandinista, hoy tratan de ser blancos e inmaculados. Abogados que manosearon la Constitución y asesoraban las confiscaciones, escritores o intelectuales como Ramírez que apoyaron el Servicio Militar Obligatorio y la Reserva critican vehementemente el Gobierno que ellos instauraron en el poder. La educación en la década de los ochenta, más que enseñar, lavaba el cerebro de los estudiantes, dirigidos por ministros que hoy llaman dictador a quien fue su caudillo.
Mujeres y hombres de prensa que fueron verdugos de sus propios colegas por no venderse al orteguismo en los ochenta, hoy son dirigentes de panfletos que abogan por la libertad de prensa, o son ganadores de premios por su “lucha” por la libertad de prensa. Mujeres periodistas que adulaban el régimen sandinista hoy son “brillantes” feministas, defensoras de la libertad de expresión y los derechos humanos.
En fin, la lista es extensa pero en este país todos conocemos a los vividores y oportunistas.
Julio León Báez
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