Lucydalia Baca Castellón
Mientras en el resto del país los caficultores claman por ayuda para renovar sus cafetales, en Jinotega muchos de los pequeños y medianos productores les llevan un año de ventaja. Ante el aparecimiento de los primeros síntomas del brote de roya, entre junio y julio comenzaron a hacer almácigos. Cuando inicie la época lluviosa de este año los nuevos árboles estarán listos para reponer los que las plagas dañaron. Sin embargo, la falta de financiamiento podría impedir la renovación de estos cafetales.
Óscar Gutiérrez Morales hizo un almácigo del que obtuvo 35,000 árboles. Estos le servirán para repoblar las nueve manzanas que la roya y la antracnosis destruyeron. Según la norma técnica, en cada manzana deben sembrarse entre 3,500 y 4,000 plantas de café. Sin embargo, está consciente que la falta de dinero será el principal obstáculo para concretar la renovación.
Explica que desde que se ponen las semillas en bolsas negras, hasta que el nuevo árbol está listo para sembrarse, pasa hasta entre seis meses y un año.
Desde la fecha de trasplante hasta que se obtiene su primera cosecha hay que esperar hasta tres años.
El costo de la semilla es de unos siete dólares por libra y se necesitan hasta tres libras para obtener los 4,000 arbolitos que se deben sembrar en cada manzana.
Sin embargo, desde que se ponen las semillas en las bolsas hay que darle un mantenimiento adecuado.
Una vez que el árbol se siembra hay que limpiarlo y controlarle la sombra. También aplicar fertilizantes tres veces al año y fungicidas dos veces al año o cuando sea necesario.
En promedio la inversión puede oscilar entre 10,000 y 12,000 córdobas por manzana por cada año, durante los cuatro años que no se obtendrá cosecha.
Según Picado, entre los socios de Cecosprocae al menos el 20 por ciento tiene listos sus viveros para comenzar a sembrar al inicio de la época lluviosa.
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“A la cooperativa le debo 300,000 córdobas y al Banpro 38,000 dólares. Lo que saque de las 36 manzanas, que las enfermedades no me arruinaron y que la lluvia no me ha botado, será para pagar mis deudas. $Quiero quedar bien para tratar de conseguir un nuevo financiamiento. Pero no creo que me quede para cubrir los gastos de replantación de mi parcela”, asegura el productor de la comunidad América.
Marco Díaz Morán enfrenta una situación similar. Hizo un almácigo del que obtuvo 1,500 arbolitos, con los que podrá comenzar a renovar las casi tres manzanas que perdió de las siete que cultiva en la comunidad Monte Cristo. “Necesito unos 300,000 córdobas para renovar la plantación y tiene que ser a largo plazo, porque la primera cosecha se obtiene tres años después de plantados los árboles”, asegura el productor de Monte Cristo.
Según Pablo Villarreyna, gerente de la Central de Cooperativas de Servicios Múltiples, Cafés Especiales (Cecosprocae) las historias de Gutiérrez y Díaz se repiten entre los 215 socios de la cooperativa. El grupo cultiva 750 manzanas de café y había proyectado una cosecha cercana a los 8,000 quintales. Sin embargo, solo obtendrán unos 4,000 quintales.
DUDAN DE PLAN DE RECONVERSIÓN
“Eso dificultará la recuperación de los 4.5 millones de córdobas que desembolsamos para financiar la cosecha. Eso provocará que las puertas de los bancos y las financieras se terminen de cerrar. Por tanto los productores se deben seguir esforzando para recuperar sus cafetales”, señala Villarreyna.
Pone en duda que el Gobierno pueda desarrollar un plan de reconversión, ya que ese debe partir de un diagnóstico serio por parte de especialistas que hasta ahora no se hace. Además, se necesitan recursos para desarrollarlo y un plan de seguridad alimentaria que asegure la subsistencia de los miles de productores que no tendrán ingresos durante cuatro años.
También considera que lo indispensable es “el cambio integral de mentalidad de los productores”, ya que en la zona algunos tienen rendimientos de 80 quintales pergamino por manzana, mientras otros solo de 20 quintales, y muchas veces solo “los divide un camino”. Por tanto, cualquier cambio debe partir de la adopción de nuevas técnicas por parte de los caficultores.
Por su resistencia a la roya, la semilla de caturra estrella y catimor son las que se están usando para los almácigos. Sin embargo, los productores estiman que eso no es garantía, ya que el patrón de afectación de las enfermedades está variando. Contrario a lo que se esperaba, en comunidades como América y Monte Cristo plantaciones nuevas y debidamente tratadas también se afectaron.
Gutiérrez lo confirma. Por implementar buenas prácticas le hizo acreedor de la certificación Rainforest Alliance. Eso le permite, desde hace dos años, recibir un bono de 20 dólares extra por cada quintal de café que exporta.
“Aboné los cafetales tres veces, apliqué cinco foleos y además la plantación es nueva solo tiene ocho años. Nada de eso evitó que perdiera unos 200 quintales de café en la cosecha. Esperaba sacar unos 700 quintales y solo lograré recoger cerca de 500 quintales”, detalló.
Algo similar ocurrió con Díaz, su cafetal de 18 años, ubicado a casi 1,200 metros de altura sobre el nivel del mar, también sucumbió a las plagas a pesar de los cuidados. Ambos productores, como la mayoría en la zona han optado por podar de raíz los árboles enfermos. Con ello pretenden eliminar cualquier vestigio de la enfermedad, para evitar afectaciones futuras.
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