El año 2012 llegó a su final. Terminó un año en el que la despiadada dictadura nepótica continuó atropellando a nuestra Patria. Un año en el que la familia Ortega-Murillo no se dio tregua en su empeño de convertir al pueblo nicaragüense en un sumiso rebaño de embrutecidos mendigos que entonen cánticos de alabanza a quienes, corruptos e ineptos, son los principales responsables de su innegable miseria.
Fue el 2012 la natural extensión de los que han transcurrido desde aquel aciago 10 de enero de 2007, cuando, cabalgando un canallesco pacto, y auxiliada por un claro fraude electoral —acogido con complacencia por algunos que debieron ser los primeros en rechazarlo— irrumpió en la escena política nicaragüense la dictadura que, cada vez más insolente, nos irrespeta y oprime.
Consecuencia fatal de tanta tropelía, el año 2013 sale al encuentro de una Nicaragua enferma, en estado de postración. Algunos de sus padecimientos, por demás conocidos:
1. Las instituciones que dan coherencia y sentido a la existencia de un Estado, entre nosotros no son más que burdos remedos, burlas sangrientas. Los individuos graciosamente conocidos como magistrados, ministros, contralores, diputados, procuradores son, en su casi totalidad, simples, lastimosos títeres. Que sin vergüenza ni pudor alguno esperan ansiosamente las señales que les manden sus amos, el usurpador de las funciones de la Presidencia de la República y su asesora, su implacable, ateperetada, secretaria ejecutiva. Prestos a cumplir los reales deseos.
2. Las leyes se interpretan, estiran, encogen y aplican de acuerdo a lo que el usurpador considere su conveniencia. Anteayer decidió quienes son magistrados, ayer se autonombró candidato y, seguidamente, Presidente, hoy designó alcaldes y concejales Sin que le quitaran el sueño las sombras de hombres golpeados o encarcelados —y hasta muertos— y mujeres ultrajadas por defender su derecho a elegir: ¿y mañana? Mañana, hijos de Nicaragua, nada será distinto; no se marchará la angustia por la puerta del fondo A menos que luchemos por el cambio, que la forcemos a que se marche
3. Los recursos venezolanos —que algún día habremos de pagar, o al menos de suplicar que nos sean regalados— han servido para enriquecer a un grupo de corruptos cuya infamia hace palidecer la de aquellos inhumanos sujetos que despojaron a las víctimas del huracán Mitch, o a las del terremoto que hace 40 años destruyó —al parecer para siempre— la ciudad de Managua. ¡Cuánto empleo digno y productivo, cuantas mejoras en los sistemas de educación y salud, se podría hacer con esos recursos, cuyas migajas se destinan ahora a degradar al pueblo nicaragüense!
El año 2013 tiene que ser el año de la redención. El año en el que las fuerzas patrióticas articulen un gran movimiento político y social y creen un frente que, apelando a diversas formas de lucha cívica, ponga fin a la dictadura orteguista y sus oprobios. Este movimiento debe aglutinar múltiples organizaciones políticas, sociales, civiles y comunitarias, cohesionadas por unos pocos y trascendentales principios y acuerdos que abran paso a un nuevo contrato social cuyo reflejo sea una Constitución Política justa y democrática.
Demolida la dictadura, y con esa nueva Carta Magna como guía, espera a las fuerzas patrióticas la gigantesca tarea, por siglos postergada, de construir, sin mezquinos intereses, un régimen auténticamente democrático, en el que los ciudadanos disfruten de sus legítimos y naturales derechos e, idealmente, cumplan con orgullo y fidelidad sus deberes. Patriotas nicaragüenses: ¡de prisa! ¡No hay tiempo que perder!
El autor es presidente del Partido Acción Ciudadana.
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