Violencia de género: ley y realidad

Violencia de género: ley y realidad

El año pasado, 2012, comenzó con una noticia esperanzadora para las mujeres nicaragüenses. El 26 de enero, apenas al comenzar el año, la Asamblea Nacional aprobó la denominada Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres, la cual entró en vigencia cuatro meses después.

Pero eso no cambió la realidad. La violencia de género no solo no disminuyó, sino que se incrementó el año pasado. Tal pareciera que los machistas inveterados se hubieran puesto de acuerdo para, con más agresiones contra las mujeres, burlarse de esa ley que pretende protegerlas de sus agresores, que mayormente son sus esposos o compañeros de vida permanentes y ocasionales.

Sin embargo, el hecho de que la violencia de género aumentó el año pasado a pesar de la ley, no debe inducir a creer que hubiera sido mejor que no se aprobara. Un año es poco tiempo para esperar grandes resultados de cualquier ley sobre un mal humano y social tan arraigado y complejo, como es la violencia de género. Y además, no es mucho lo que se puede esperar de las actuales autoridades gubernamentales, no solo por su formación e ineficiencia sino también porque de poco sirve una ley si no se disponen y crean al mismo tiempo los recursos y mecanismos indispensables para que tenga eficacia.

En todo caso, la lucha contra la violencia de género no es solo un asunto de leyes y de instituciones. La violencia contra la mujer es un problema humano y social que para poder ser contenido, disminuido y desarraigado, se requiere la convergencia de múltiples actores y acciones.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 40 y el 70 por ciento de los actos de violencia contra la mujer en el mundo son perpetrados por el esposo o el miembro masculino de la pareja. En el fondo de este problema, dicen los expertos, se encuentra el antivalor de la “masculinidad tóxica”, la creencia de que el hombre tiene derecho de posesión sobre la mujer, incluso de agresión, la cual se ha desarrollado a lo largo de muchísimo tiempo, está profundamente arraigada y no se puede erradicar solo por la disposición de una ley jurídica, por mucho que esta sea aplicada con prontitud y rigor.

Precisamente por ser una lacra humana y social, la violencia de género es un fenómeno universal. Ocurre en países tan avanzados como Suecia, Finlandia o Alemania, cuyos niveles de educación en general y sexual en particular son muy elevados, y sucede en países tan atrasados como Haití o Nicaragua, aunque su frecuencia e intensidad sea distinta en unos y otros casos.

De manera que así como la ley y la sanción judicial no bastan para resolver el problema de la violencia de género, tampoco la educación formal y sexual es suficiente. A la par de la ley y la educación, las mujeres deben prepararse técnica y físicamente para defenderse de los agresores. Y sobre todo la sociedad debe recuperar los valores morales y religiosos para la formación del individuo y el fortalecimiento de la familia.

No debe ser por casualidad que la violencia de género se ha incrementado en la misma medida que los valores éticos y religiosos se han debilitado o han desaparecido en la vida de la persona, la familia y la sociedad.

COMENTARIOS

  1. Roberto Lechado
    Hace 14 años

    Que suceda en otros países no debería mencionarse pues se convierte en una especie de consuelo a la problemática, por otro lado, al lado de la ley se debería de dar capacitaciones a mujeres, hombres, niñas y niños para no seguir repitiendo patrones. Hay muchas organizaciones que trabajan en ello ¿por qué no hacer (más) alianzas?

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