La producción de granos básicos, como el arroz y frijoles, fue rehabilitada en comunidades mayangnas de Rosita. LA PRENSA J. GARTH

Buen año para productores indígenas de Rosita

Los productores indígenas de Rosita siguen batallando con los daños que dejó tras su paso el huracán Félix en el 2007. Este fue un buen año para ellos.

José Garth

Los productores indígenas de Rosita siguen batallando con los daños que dejó tras su paso el huracán Félix en el 2007. Este fue un buen año para ellos.

Lograron la construcción de un mercado indígena para promover la comercialización de productos en el mercado local, se apoyó a los productores, se construyeron bodegas para guardar la producción. Todo esto con el apoyo de la Cooperación Andaluza.

La cooperación logró apoyar a unos 900 productores indígenas del municipio de Rosita con habilitación de herramientas y semillas, luego que toda la producción fuera arrasada por el paso de los huracanes en la región.

MÁS IMPORTANTE

La construcción del mercado indígena, afirmaron los líderes mayangnas, fue uno de los proyectos más importantes del pueblo indígena de Rosita, ya que permite que estos vendan sus productos en un lugar seguro. Este proyecto con una inversión de 54 mil dólares, explicó María Antonia Ríos, secretaria del Concejo de Rosita, benefició a 869 productores indígenas, pero a más de cuatro mil indígenas que realizan sus transacciones comerciales en dicho mercado.

En el territorio indígena Sumu Mayangna fueron construidas 15 bodegas, donde se pudo guardar la producción. En esta zona se entregaron 200 quintales de semilla de frijoles, 159 quintales de semilla de arroz, cuarenta mil cormos de plátano, 100 mil cormos de banano, 75 quintales de maíz, 15 mil injertos de mandarina, 15 mil injertos de naranja, y cuatro mil 300 cocos.

Aurelia Paterson, vicealcaldesa de Rosita, dijo que también entregaron 820 machetes, 85 bombas de fumigar, 30 pares de botas, 100 limas, entre otros.

Además, se construyó un ingenio arrocero con una inversión de 12 mil dólares, el cual contempla la instalación de una máquina con capacidad de trillar de entre 18 y 22 quintales de arroz por hora y la compra de un camión de cuatro toneladas para el traslado del grano desde las comunidades hacia la trilladora.

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