Como ya seguramente saben de una u otra fuente, hoy 22 de diciembre usted ya no debía estar vivo. Moriría —así como toda la humanidad con usted— debido a una catástrofe global. Así, en todo caso, los mayas lo pronosticaron en uno de sus calendarios hoy en día descifrado. El milagro de los mayas descubierto en los años veinte del siglo pasado en el “Monumento 6” de Yukatán y luego interpretado definió inequívocamente el 21 de diciembre de 2012 como el último día de la humanidad. El dios Bobon Yokte bajará de los cielos y cubrirá todo el globo con un mar de llamas de fuego.
Por supuesto, los arqueólogos supieron rápidamente que en el caso del calendario de los mayas se trataba de un documento increíblemente exacto de la estructuración del tiempo astronómico. Un pueblo que había estudiado la marcha de los astros tan exactamente, capaz de medir la expiración del día o del año basándose en la posición de los planetas relativa al Sol, merece el nombre de “civilización altamente desarrollada”.
Fue solamente debido a la separación continental de América del tal llamado “viejo mundo” que nosotros no dividimos nuestras épocas en los 12 “baktunes” de los mayas. ¿Por qué, entonces, la amenaza filosófica del fin del mundo es tanto más atractiva para la humanidad hoy en día que la admiración por el alto rendimiento matemático de un pueblo centroamericano?
Tal vez el gran filósofo español y alumno jesuita, José Ortega y Gasset, nos pueda dar una respuesta. Siendo aún joven, en 1904, Ortega y Gasset redactó en la universidad Complutense de Madrid su tesis doctoral intitulada “Los terrores del año mil”. En ella describe el estado de ánimo apocalíptico en una Europa marcada por el feudalismo, especialmente en la Francia medieval. Efectivamente la disertación de Ortega es un análisis socioeconómico de la edad media —una época en la que el ser humano sufría bajo circunstancias tan miserables que aprendió a esperar como un destino merecido las visiones apocalípticas evocadas por el clero—. El año 999 se caracterizó por suicidios en masa y por los éxtasis de histeria colectiva en los que la gente vestida en harapos, agotada por las enfermedades y por el hambre, pedía en los mercados de sus ciudades y pueblos, infernalmente sucios, la llegada de la muerte depuradora del apocalipsis. La vida media de la gente era de unos 28 años y las circunstancias de vida de los siervos de la edad media eran significativamente peores que aquellas de los esclavos de la antigüedad.
El apocalipsis, la evaluación extraterrestre del comportamiento incorrecto del ser humano, solamente ha sido un horror condicional. ¿Eventualmente, en el año 999 habría para aquel enfermo de escorbuto o lepra una vida mucho mejor después de la muerte en la hoguera? Ortega y Gasset definió el horror ante el fin del mundo como el resultado de una desesperación colectiva sobre la propia existencia. Pero, ¿aplica esto también a nuestra relación con los mayas? ¡Por supuesto que no! En realidad, el Sol se encontró el 21 de diciembre en la vía láctea en coordinadas exactamente definidas por los mayas. En realidad el “baktum 13” de los mayas, un ciclo de 394 años, inició el 21 de diciembre. Y efectivamente es así que nosotros —en nuestra edad de las trivialidades de la edad media— no tenemos respeto por los rendimientos de una civilización avanzada como la de los mayas, debido a que perdimos paulatinamente el respeto por los adelantos intelectuales como consecuencia de nuestra mentalidad colectiva de usuario.
¿A quién le interesa el genio detrás de una obviedad? Esto no debería ser un lamento pesimista acerca de la cultura ¿quién sabe cómo pensaban los mayas de sus antecesores? Seguramente no con admiración. El hecho de que sintamos miedo al final del año 2012 es también un resultado de nuestro propio estado de ánimo.
Mundialmente nos preocupamos poco o nada por la miseria de otros pueblos y vivimos a costo de nuestro planeta, entre una consola de juego y la próxima, de un nivel de juego hacia el siguiente. Y el hecho de que los mayas aparte de sus rendimientos altos en la matemática y la astronomía fueran profundos creyentes en la religión que se basa en los fenómenos de la naturaleza, hoy día lo reconocemos utilizando el rayo de Bobon Yokte para señalar el fin de un juego electrónico (game over).
Encontramos las predicciones apocalípticas de los mayas atractivamente perturbadoras, ya que sabemos que debemos ser castigados por todos nuestros defectos. A la vez, estamos suficientemente informados para saber que la religión que se basa en los fenómenos de la naturaleza, no aplican a nosotros.
En vista de este hecho, no estaría mal un poco de un fin del mundo. Pero debía estar tranquilo: Hoy 22 de diciembre sigue realizando las preparaciones para Navidad y eventualmente sonreirá un poco cuando recuerde a los mayas.
El autor es Director del Colegio Alemán Nicaragüense.
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