Tras cumplir más de la mitad de su mandato, Chinchilla, quien en 2010 ganó con holgura las elecciones, cuenta con el apoyo de solo el 12 por ciento de la población.
El primer gobierno liderado por una mujer en Costa Rica se ha visto también afectado por la salida de 13 de sus 22 ministros, algunos seriamente cuestionados.
Así, el exministro de Hacienda Fernando Herrero dimitió en abril después de conocerse que una empresa de la que formó parte no declaraba impuestos y que sus propiedades estaban infravaloradas.
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San José/EFE
El gobierno de Laura Chinchilla vivió un 2012 cargado de polémica por denuncias de corrupción, renuncias de ministros, problemas de infraestructura y protestas que tienen en números rojos la popularidad de la presidente a poco más de la mitad de su mandato.
Según datos del Programa del Estado de la Nación, Chinchilla es la gobernante que ha debido hacer frente a más manifestaciones callejeras en casi 20 años.
Las razones son tan diversas como los grupos que salen prácticamente a diario a reclamar en alguna parte del país: situación económica de instituciones públicas como el Seguro Social, recortes al presupuesto para disminuir el déficit fiscal, derechos de los homosexuales, cobro de impuestos, corrupción, injerencia en los poderes del Estado y hasta la entrega de permisos para taxis.
CARRETERA FRONTERIZA
El 75 por ciento de los costarricenses considera que el gobierno de Chinchilla es “corrupto”, percepción que probablemente se acrecentó por las múltiples denuncias de irregularidades en la construcción de un camino fronterizo con Nicaragua en el que Costa Rica ha invertido cuarenta millones de dólares.
Las denuncias de la prensa y las investigaciones de la Fiscalía han logrado determinar que en la construcción de esta obra se pagaron millonarios sobornos y se hicieron giros inflados de dinero por un camino que no contó con los requisitos mínimos de ley para construirse y que ya ha empezado a mostrar deficiencias.
Las investigaciones no han arrojado aun detenidos, ni imputados, pues continúan en un proceso que las autoridades afirman será largo y complicado.
Para el analista Jorge Vargas Cullell, Costa Rica respira hoy un descontento ciudadano como “nunca antes se ha visto” y sin perspectivas de disminuir, porque “la población ha perdido el miedo a salir a la calle a protestar y reclamar”.
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