El luminoso paisaje de la felicidad económica nacional, que con deleite de artistas venían pintando los representantes del gobierno, el sector empresarial representado por el Cosep y los agentes de los organismos financieros internacionales, se vio súbitamente ensombrecido por la información sobre la plaga de roya que está afectando las plantaciones cafetaleras en varios departamentos del país, y la cual causará graves daños económicos a los productores y a toda la población nacional a breve y mediano plazo.
Entre los daños que causará la plaga de roya, que según las informaciones está afectando —hasta ahora— un área de cuarenta por ciento de los cafetales, se menciona la reducción de la producción cafetalera en por lo menos 30 por ciento; pérdidas por valor de cien millones de dólares o más; desempleo total y parcial para miles de cortadores y otros trabajadores y empleados involucrados en la producción cafetalera; dificultades de muchos productores pequeños y medios para responder por los financiamientos bancarios, etc.
Pero todos esos daños, que de por sí ya lucen graves, podrían ser mayores si la plaga de roya que por ahora está afectando principalmente a los cafetales del norte y una parte de los de Carazo, se extendiera hacia las demás plantaciones del centro y sur del país. Esto es algo que podría ocurrir si las autoridades gubernamentales de agricultura y los mismos productores cafetaleros, no toman rápidamente las medidas pertinentes para contener la agresiva expansión de la plaga.
La roya del café no es nueva ni desconocida en Nicaragua. En el pasado esta plaga ya causó severos daños a la economía nacional y durante largo tiempo la caficultura nicaragüense ha tenido que cohabitar con ella. De manera que hay suficiente experiencia en el país para enfrentar adecuadamente la plaga, tanto de manera preventiva como combativa, además de que internacionalmente se conoce bastante sobre ella puesto que son muy pocos los países cafetaleros que no han sufrido sus devastadores efectos o que no han convivido con ella.
Se conoce que la roya se originó en el siglo XIX en Ceylán, ahora llamado Sri Lanka, en el Asia del sur. La plaga llegó a América en 1970, cuando apestó los extensos cafetales de Brasil, y de allí se propagó hacia los demás países cafetaleros de la región, habiendo llegado a América Central y Nicaragua en 1976, cuando los cafetales del país fueron devastados por la roya.
La roya volvió a atacar las plantaciones cafetaleras de Nicaragua en el período de 1995-1996, y desde entonces es hasta ahora que los cafetales nicaragüenses vuelven a sufrir el daño catastrófico causado por esta plaga, por lo cual, con toda razón los productores y expertos cafetaleros del país están tocando las campanas a rebato.
Por las informaciones se ha podido advertir que entre los funcionarios de agricultura y los productores y expertos cafetaleros hay diferencias acerca de cómo enfrentar la plaga y reducir sus graves consecuencias. Tratándose de que este es un problema de supremo interés nacional, es imperiosamente necesario que se pongan de acuerdo cuanto antes, para evitar probables peores consecuencias.
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