Amalia del cid
Hay lugares a los que Santa Claus jamás llevará regalos. No se los llevó a Agustín Villagra al orfanato en el que vivió durante diez años y se sospecha que tampoco se los ha entregado a muchos niños que sobreviven en las calles de Managua. Sin embargo, hay un hombre que en esta temporada navideña quiere dar el regalo más grande: la esperanza.
En Nicaragua ha dado espectáculos para niños que viven en el mercado Oriental, trabajan en la calle, están enfermos o vienen de familias de escasos recursos.
El 23 de diciembre visitará Estelí y el 30 se va del país, rumbo a República Dominicana y Haití. No sabe cuándo vuelve a Nicaragua. Mientras esté aquí, si alguien desea pedirle que haga una presentación con fines benéficos, puede llamarlo al número 8781-9807.
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Ya nadie lo llama Villagra. Ahora tiene 56 años y su nombre de combate es Zaki Magoa. Es un mago vasco y desde hace año y medio está recorriendo Latinoamérica con un proyecto personal que llama: La Magia de una Sonrisa. Visitará 15 países, Nicaragua es el sexto.
El plan de Villagra es sencillo: en cada país ofrece presentaciones gratuitas a niños pobres, enfermos, huérfanos o explotados, a fin de demostrarles que no todo está perdido, que en el mundo aún hay motivos para sonreír. Pero su proyecto no es barato. Para costear su viaje el mago vendió el parque de diversiones que de araños y pellizcos logró instalar en España, puso en alquiler su apartamento y pidió apoyo a sus amigos. De ahí sale el dinero que necesita para movilizarse y comer.
Él sabe lo que es una infancia dura. Su padre era alcohólico y su madre prostituta. De los 3 a los 13 años estuvo en un orfanato dirigido por sacerdotes y monjas, donde la ley era hambre y palo, pues los curas creían en el método: “La letra con sangre entra”, recuerda. Un día el muchacho se cansó y le mandó un recado a su progenitora: “Me sacás de aquí o me escapo”.
Al salir del orfanato fue empleado en una cristalería, donde permanecía diez horas diarias y ganaba cuatro euros (en la actualidad 5.26 dólares) al mes.
ÁFRICA
La idea de una gira sin rumbo fijo por Latinoamérica llegó a la cabeza de Villagra cuando se encontraba en África dando presentaciones solidarias. La pobreza extrema lo conmovió.
Ya estuvo en El Salvador, Guatemala, Colombia, Perú y Ecuador. A donde va lleva alegría y una maleta azul que decoró con caritas felices amarillas, porque “es la única manera de no perderla en los aeropuertos”.
A Nicaragua vino a comienzos de octubre con el propósito de quedarse dos meses ayudando a fundaciones, colegios y hospitales. Ya pasaron casi tres. El país le agrada, pese a que odia la suciedad y no acaba de creer que exista el monstruoso mercado Oriental. Tampoco le gusta que haya niños viviendo en las calles. “Se me cae el alma”, dice.
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