Como parte de las actividades culturales de la librería, Marco Antonio editó varios poemarios de jóvenes nicaragüenses: La estrella perdida, de Jorge Eduardo Arellano, Escenas y episodios, de Edwin Yllescas, Domus áurea, de Luis Rocha, 7 poemas atlánticos, de Iván Uriarte, Agua Arriba, del doctor Fernando Silva padre y un volumen de Poesía postconciliar.
En febrero de 1968, reeditó la antología de Poesía revolucionaria nicaragüense que Ernesto Cardenal y Ernesto Mejía Sánchez habían publicado en 1962 en México. Iván Osorio, secretario de la Presidencia, le aseguró a Marcos que podía reeditarla sin problemas, pero se suprimió la dedicatoria a Rigoberto López Pérez y se omitieron los nombres de poetas vivos (excepto Cardenal), aunque los poemas incluidos habían sido publicados en Nicaragua con la firma de sus respectivos autores.
Después de vender 200 ejemplares en 10 días, la librería recibió la orden de Raymundo Romero Chávez, fiscal general de la República, de suspender su venta y deshacerse de todos los ejemplares. Pero Marco Antonio los mantuvo escondidos hasta el triunfo de la revolución.
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Negada la ayuda (destinada exclusivamente a grupos de izquierda), surgió la idea de una invasión desde Costa Rica, con el apoyo del expresidente José “Pepe” Figueres, que con el tiempo se convirtió en la fallida invasión de Olama y Mollejones.
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Después de pasar un tiempo en la Residencia del Opus Dei en Boston, Massachussets, estudió dos años en el Seminario de Managua, en los cursos para vocaciones tardías, donde estudiaban dos seminaristas que tampoco llegarían a ordenarse: el crítico de cine maximalista Carlos Mohs y el poeta guerrillero Leonel Rugama. En el exilio desde 1980, es autor de “Nicaragua y su historia” (2000) y “Nicaragua, breve recorrido histórico” (2005).
El bisabuelo de los Cardenal Tellería, Pedro Cardenal Allerdis (León, 1817-1875), es bisabuelo del periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, de los poetas Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Ernesto Cardenal Martínez y del fundador y director de Radio Güegüense (“la única clásica”), Salvador Cardenal, hijos respectivamente de Margarita, Mercedes, Rodolfo y Julio Cardenal Argüello, y nietos de Salvador Cardenal Saborío, hermano de Francisco, el abuelo de los Cardenal Tellería.
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Franklin Caldera
Desde 1965 hasta su destrucción en el terremoto de 1972, la Librería Cardenal (situada de la iglesia San Antonio, media cuadra arriba, costado sur de la Calle Central) fue punto obligado de reunión de estudiantes, intelectuales y bibliófilos capitalinos.
Librerías de la Vieja Managua
Antes de su apertura, las principales librerías de Managua eran la Librería Universal de Elías Argeñal (en la intersección de la calle 15 de Septiembre y la segunda avenida Sureste), con abundancia de textos clásicos en ediciones rústicas y de pasta dura; la Librería Cultural Nicaragüense del doctor Adán Cuadra (en la intersección de la Avenida Bolívar y la 15 de Septiembre), distinguida por las ediciones de lujo (enciclopedias, libros de medicina, etc.) y la Librería Recalde, de Víctor Recalde (originalmente Librería Hispanoamericana, sobre la 15 de Septiembre, media cuadra al oeste de los Laboratorios Solka), especializada en literatura de “enseñanza”.
María Adelina, hija de don Víctor (español, exhermano cristiano de La Salle), fue reina del Club de Leonés y novia de los Chicos de la Prensa e inspiración del bolero María Adelina de Gastón Pérez. Ella falleció prematuramente en 1971. Su hijo, Pedro Rivas, también fallecido, fue combatiente sandinista.
Entre las demás librerías se cuentan la Moderna, de Rodolfo Ramírez (de la Universal, media cuadra al lago), y la Cervantes, en la calle 15 de Septiembre, propiedad de Modesto Valle Páez.
Unos metros al oeste se encontraba la Librería Americana (en la intersección de la Avenida Roosevelt y la 15 de Septiembre) del coronel Francisco Boza Gutiérrez y su concuño, el Dr. Alfonso Gordillo. Posteriormente, la Cervantes se trasladó a la avenida Bolívar, en el sector vecino a la Agencia de Publicaciones Ramiro Ramírez Valdez, distribuidora de Selecciones del Reader’s Digest y revistas como Ecran (Chile), Leo Plan (Argentina), Film Ideal (España) y Vanidades Continental.
De pequeñas dimensiones, el Book Nook (Rincón de los libros), propiedad de Gladis Chamorro, estaba situada frente al Teatro González, especializada en novelas en inglés con tapa dura y libros en rústica de la editorial Penguin de Londres. Allí se vendían las obras de Italo Calvino, el escritor italiano más traducido de su época.
LIBRERÍA CARDENAL
Lo novedoso de la Librería Cardenal, propiedad de don Alfonso Cardenal Terán, fue su orientación hacia las letras contemporáneas, en los años del boom de la literatura hispanoamericana. Marco Antonio Cardenal Tellería (León, 1941), cuarto hijo de don Alfonso y María Tellería Muñoz, era el gerente general y se encargaba de pedir los libros, en su mayoría provenientes de México, España y Argentina.
La librería se había inaugurado en 1965, en un local pequeño pegado a dicho negocio, en la parte delantera de la casa donde Cristina Lacayo viuda de Gallo preparaba y vendía sus productos de repostería fina y nacatamales. En 1967 la librería se trasladó a su local definitivo, hasta su destrucción en el terremoto del 72.
LIBRERÍA CLUB DE LECTORES
A comienzos de la década de 1970, Ernesto (Tito) Castillo Martínez, abogado, catedrático y futuro ministro de Justicia del gobierno sandinista, abrió la librería Club de Lectores, con un concepto similar al de la Cardenal, pero más orientada hacia los textos políticos de izquierda. Castillo contó con el apoyo económico de Felipe Mántica Abaunza (hermano gemelo de Carlos, filólogo; ambos dueños de la cadena de Supermercados La Colonia y mecenas de la cultura nicaragüense).
Club de Lectores estaba ubicada en la Avenida Bolívar, del Edificio Guerrero Montalbán hacia el lago, contiguo a la oficina de Luis Pasos Argüello, hermano del poeta Joaquín Pasos.
Club de Lectores se dedicaba exclusivamente a la venta de libros, con exclusión de artículos de oficina y papelería, frecuentes en otras librerías. El primer pedido de la primera edición sudamericana de Cien años de soledad fue de un mil ejemplares, que se vendieron en un mes.
Destruida por el terremoto del 23 de diciembre del 72, Club de Lectores se volvió a instalar, con el apoyo de las casas editoras, en el Centro Comercial Managua, Colonia Centroamérica, en los módulos 34 y 35. Después abrieron un local más amplio en el Zumen.
El matrimonio Castillo abandonó el país en 1976, debido a la situación política, quedando a cargo de la librería sus dos hijas mayores.
“Nos fuimos a Costa Rica y allí, frente a la Universidad Nacional, pusimos un caramanchelito de libros, siempre como Club de Lectores, que tuvo excelente acogida entra estudiantes e intelectuales. A mi familia, las librerías nos proporcionaron una fuente de trabajo, con ingresos muy modestos, pero que nos llenaba de satisfacción por la comunicación con los lectores y amigos que las frecuentaban”, afirma Castillo, quien fue miembro del Grupo de los 12, formado por empresarios, intelectuales y religiosos nicaragüenses que promovían la causa del Frente Sandinista de Liberación Nacional a escala internacional.
(Aportó información para este artículo, además de otras personas mencionadas en el texto, Bayardo Cuadra y se agradece la colaboración de Conchita Castillo).
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