Si bien en estos momentos el régimen orteguista tiene un control absoluto de todas las instituciones del Estado y por su poderío económico y su irrespeto a la Ley ha logrado imponerse a la voluntad ciudadana y además la oposición se encuentra en su peor momento, disminuida, desacreditada y sin fondos, la verdad es que para tener una incidencia positiva en el futuro del país a mediano y largo plazo la oposición debe acercarse a la gente, pero también la gente debe acercarse a la oposición.
El nicaragüense debe dejar de considerar el ámbito político como algo ajeno a sí mismo. Desde su raíz griega el término política significa el manejo de los temas de la ciudad o el Estado de parte de los ciudadanos. Es cierto que la actividad está desacreditada y muchas personas consideran que a esta solo se dedican individuos que tienen intereses mezquinos, pero es precisamente porque este concepto impera que los partidos políticos están tan débiles, y al mismo tiempo es la misma razón por la que Nicaragua se encuentra bajo un régimen absolutista que no responde a nadie.
Pero para que el nicaragüense gane confianza de nuevo en la política, la oposición debe entender que —para su propia sobrevivencia— debe abrirse y acercarse a la ciudadanía.
La juventud organizada en los movimientos opositores está capacitándose en liderazgo, esto es positivo porque muchos exigen en estos días un “cambio generacional” más la estafeta debe ser entregada a personas mejor preparadas precisamente en el arte de la política, entendiéndose como el arte de manejar los asuntos y problemas de la ciudad y los ciudadanos. Estas personas también deben entender que solo con un liderazgo ético y sincero pueden mantener esa legitimidad.
Ese liderazgo solo se gana acercándose a la ciudadanía, entendiendo sus necesidades y creando propuestas viables que conquisten el ánimo de la gente para salir a demandarlas. A la vez, para que la gente se anime a realizar esas demandas las debe sentir como propias y debe confiar en que los líderes no los traicionarán. Se necesita un pacto ético entre el liderazgo y el ciudadano para la solución de problemas concretos.
Un ejemplo claro se está gestando en el problema que enfrenta el café. Afectado por la falta de lluvia, la roya y otras plagas, la producción del principal producto de exportación del país se verá mermada en cantidad y calidad, esta situación no se puede dar en peor momento porque el precio internacional del grano está bajando. Sin duda habrá un fuerte impacto en las zonas cafetaleras sobre todo en los siguientes dos ciclos. Esto en realidad significa un fuerte impacto en los ciudadanos de esas áreas.
¿Sabe la oposición qué soluciones ofrecerle a la ciudadanía? El Gobierno hasta el momento no tiene un plan efectivo. La oposición debería armar a la ciudadanía de un plan eficiente y efectivo que pueda ser exigido al gobierno para que se ejecute. Un plan que vaya más allá del asistencialismo que ofrecerá el régimen o de la migración que sin dudas provocará el problema en los cafetales.
Es con medidas como esta, acompañadas con el compromiso ético de mantenerse cercano a la gente, que la oposición puede ganar credibilidad y a la vez la ciudadanía ganar espacios.
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