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No hubo un apretón de manos, ni siquiera un cruce de miradas entre los jefes negociadores cuando se reunieron el mes pasado en Oslo para inaugurar formalmente los diálogos que intentan poner fin a 50 años de conflicto armado en Colombia.
El lunes, el comandante de las FARC conocido como Iván Márquez, un exseminarista, y el delegado gubernamental Humberto de la Calle, un curtido político y jurista, se verán las caras de nuevo en La Habana para la primera ronda de discusiones.
Al observador desprevenido lucen como dos hombres de gafas, suaves maneras al hablar y pequeñas barrigas que delatan su edad. “Los que están sentados en esa mesa son enemigos. Están tratando de volverse amigos”, dijo Horacio Serpa, ministro del Interior de 1994 a 1998, cuando De la Calle era vicepresidente.
Del intento de que los dos pueden dialogar y alcanzar acuerdos aceptables para sus respectivos bandos depende en gran parte el éxito de las negociaciones y que finalmente Colombia deje de ser la única nación del hemisferio con un conflicto armado interno.
Márquez, una figura delgada, alta y piel color café de 57 años, nació en Florencia, capital del departamento de Caquetá, al sur colombiano y por años uno de los bastiones de las FARC.
Entretanto, De la Calle aceptó ser la fórmula vicepresidencial de Samper y luego, en medio del escándalo de los dineros del narco como ingrediente clave para la victoria, pidió la renuncia del presidente y más tarde renunció a la vicepresidencia.
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