[/doap_box][doap_box title=»Un país donde no hay separación de poderes» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Xi obtendrá ese cargo en marzo de 2013, durante el plenario anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP, máximo órgano legislativo), que votará y aprobará su nombramiento —y el de otros altos cargos del Estado y el Gobierno— en su sesión de clausura tras unos diez días de deliberaciones, a mediados de ese mes.
En un país donde no hay separación de poderes, este trámite se ve como un mero formalismo, ya que buena parte de los diputados de la ANP son a la vez delegados del recién finalizado XVIII Congreso del PCCh, así que nadie duda de que Xi recibirá el visto bueno para ser el supremo líder del Estado, siéndolo ya del Partido y el Ejército.
Su antecesor Hu Jintao ya siguió este camino, al ser elegido secretario general del PCCh en noviembre de 2002 y presidente chino en marzo de 2003.
En su caso el control de las Fuerzas Armadas no llegó hasta 2004, ya que el anterior máximo líder chino, Jiang Zemin, tomo la sorprendente decisión de retener el liderazgo de la Comisión Militar dos años más de lo esperado.
En todo caso, la ANP tiene que ratificar también el próximo marzo el nombramiento hoy de Xi como máximo jefe militar, así que estos próximos meses será solo el presidente de la “Comisión Militar del Partido” y solo entonces presidirá la “Comisión Militar Estatal”, en realidad un mero formalismo pues ambas tienen idénticos miembros.
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Tomado de BBC y EFE
El nuevo líder chino, Xi Jinping, comenzó esta semana las tareas al frente del país tras su nombramiento como secretario general del Partido Comunista (PCCh) y presidente de la Comisión Militar Central, un mandato en el que no le faltarán retos que abordar.
Aunque Xi no será líder estatal hasta que sea investido presidente de China en la Asamblea Popular el próximo marzo fue presentado como líder tras la clausura del XVIII Congreso del PCCh, ese se considera el pistoletazo de salida de su década al mando de la superpotencia.
El presidente taiwanés, Ma Ying-jeou, del Partido Nacionalista Kuomintang, le envió una carta de felicitación por su nombramiento, que respondió en tono conciliador.
Otra muestra de la paulatina transición de poder a Xi fue un editorial publicado en el diario oficial del Ejército de Liberación Popular (ELP), asegurando que las fuerzas armadas aceptarán “absolutamente las órdenes del Partido, de la Comisión Militar Central y de su presidente, Xi Jinping”.
Xi es el máximo líder de la citada Comisión después de que Hu Jintao abandonase esta semana el cargo (para sorpresa de muchos, ya que su antecesor, Jiang Zemin, todavía retuvo el puesto los dos años siguientes a dejar la Presidencia del país).
El todavía vicepresidente hereda, junto al más que probable futuro primer ministro Li Keqiang, un país mucho más potente que el que encontraron el aún presidente Hu Jintao y el primer ministro saliente Wen Jiabao hace diez años, pero también con “retos de gran calibre”, aseguró Peter Martin, experto de la oficina en Pekín de la consultoría APCO Worldwide.
SOSTENER AL GIGANTE
“Entre ellos, que el modelo económico chino está en una desesperante necesidad de reformas”, destaca.
Xi tendrá que pilotar la economía de un país que tras crecer a un vertiginoso ritmo de dos dígitos los últimos años, ahora lucha por alcanzar el objetivo anual del 7.5 por ciento, y tendrá que hacerlo con un gabinete en el que hay desde liberales como el propio Li Keqiang hasta políticos como Zhang Dejiang, formado en Corea del Norte.
Para ello el Gobierno chino ha defendido impulsar la demanda interna y tener una clase media acomodada, algo apremiante para la potencia a juzgar por “las crecientes tensiones sociales que amenazan la estabilidad política en el largo plazo”, matiza Martin.
Según algunos estudios (publicados principalmente por instituciones foráneas como el Instituto de Relaciones Exteriores de la UE), en China hay cada año alrededor de 120,000 protestas, y muchas de ellas están motivadas por el deterioro medioambiental —y su consecuente efecto nocivo para la salud—, la política de tierras o las acuciantes diferencias socioeconómicas.
Tanto el presidente saliente Hu como Xi han subrayado la importancia del medioambiente.
Es la cruel paradoja del milagro chino. En términos del PIB, China es la segunda economía mundial.
Pero en el índice de Desarrollo Humano de la ONU se encuentra en el puesto 101, por debajo de la mayoría de los países latinoamericanos (solo supera a El Salvador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Nicaragua). En comparación con Estados Unidos, tiene un ingreso per cápita seis veces menor.
A este fuerte desequilibrio social, se agrega que la inversión ha dejado un legado de deudas y dudosa infraestructura.
Espectaculares carreteras sin vehículos, ciudades fantasmas, un salto del crédito bancario hasta un 171 por ciento del PIB son señales de alarma que, para los pesimistas, apuntan a un aterrizaje forzoso de la economía similar al ocurrido en Occidente con la caída del Lehman Brothers.
El Gobierno ha lanzado sendos planes para una jubilación y cobertura médica universales que deberían estar en pleno funcionamiento entre 2015 y 2020.
Pero según Shujie Jiao son insuficientes tanto a nivel social como económico.
“El costo médico ha crecido de tal manera que una cobertura parcial no es suficiente. Lo mismo pasa con la jubilación. Mientras no se le dé una solución a esto, la transición a una economía más basada en el consumo doméstico es una mera consigna. Esto a su vez complica el paso de economía en desarrollo a otra plenamente desarrollada”, dijo.
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