Sin embargo, no toda se puede exportar, es por ello que aquella yuca que no cumple con los estándares de calidad para su exportación o para su comercialización en el mercado local es destinada para la elaboración de harina de yuca, la cual es vendida a una empresa avícola del país.
Para exportar un contenedor de yuca de primera es necesario reunir 1,100 cajas de 37 libras cada una. La marca con la cual se comercializan los productos de Tecnoagro es Terra Nova.
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Wilfredo López y Jairo Castillo son dos supervisores que se encargan de velar por el cumplimiento de los estándares de calidad con los que se rige la empresa.
“Yo me encargo de seleccionar el producto que se puede exportar, a esta le llamamos yuca de primera, la cual debe cumplir ciertas características, por ejemplo que la punta de esta cubra la yema de tus dedos, que no esté desgonzada (doblada), no tiene que tener peca ni fisuras”, explica López, supervisor de campo.
Castillo, en su rol de supervisor de la planta, tiene la responsabilidad de velar por el correcto desarrollo de los procesos que permitirán exportar los productos acopiados o bien destinarlos para el consumo del mercado local.
“En la planta efectuamos cuatro procesos fundamentales, el primero es el lavado del producto (yuca), aquí la limpiamos de los restos de tierra, luego se da el proceso del secado y selección (yuca de primera, segunda o tercera); posteriormente la yuca que cumple con las características para ser exportada pasa al proceso de parafinado para su posterior empaque y exportación”, menciona.
El proceso de parafinado consiste en recubrir la yuca con una especie de esmalte que la protege y la hace mucho más resistente al viaje de comercialización.
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Humberto Galo Romero
Después de atravesar el pequeño portón perimetral, lo primero que se aprecia es una serie de bolsas plásticas de color negro tendidas en el suelo, en cuya superficie se levantan una especie de pequeños cerros. A simple vista dan la impresión de ser desperdicios y en cierta medida lo son, solo que este tipo de “desechos” es aún útil para esta pequeña empresa ubicada en las afueras de la ciudad de León, en el occidente del país.
Tecnoagro es el nombre de esta empresa fundada en el año 2004 por Diego Vargas Belli. Esta mediana empresa se dedica al acopio, clasificación, procesamiento y comercialización de raíces y tubérculos, y en pocos años ha logrado multiplicar sus ventas y el empleo que genera.
“Luego de acumular experiencia en diferentes tipos de empresas agrícolas y de agroimportación en los Estados Unidos, decidí aventurarme en esta empresa”, cuenta Vargas.
Como toda empresa novel, el inicio fue difícil, pero Vargas afirma que tenía bien definida el área de acción en el que quería que su empresa se desarrollara. “Arrancamos con dos rubros principales: por un lado frijol, por el otro raíces y tubérculos”.
Para efectuar esto, Vargas hizo contactos con algunos acopiadores y productores del área de Nueva Guinea, municipio del Caribe Sur del país, que es una zona altamente reconocida por su capacidad productora de raíces y tubérculos.
Con el correr del tiempo y con mucho esfuerzo, Vargas y sus socios lograron impulsar y establecer en poco más de dos años una ruta de acopio de frijoles, y raíces y tubérculos: malanga, yuca, y quiquisque, principalmente.
CON POTENCIAL EXPORTADOR
Aunque las raíces y tubérculos son consumidos en Nicaragua, es en el extranjero donde en los últimos años han encontrado un nicho de mercado sumamente atractivo. Fue en esa dirección que se planificaron los siguientes movimientos de Tecno Agro.
Según rememora Vargas, se inició por definir los rubros principales con los que la empresa empezaría a proyectarse a nivel internacional.
“Después de dos años de estar en Nueva Guinea comenzamos a integrar otras plantas debido a la demanda que se ha venido dando en el mercado, eso nos ha impulsado a diversificarnos y crecer en los niveles de ventas”, declaró.
La empresa recibió gran apoyo por parte de la Cuenta Reto del Milenio y fue así como definió varios productos con los cuales se aventurarían a la conquista del mercado extranjero.
“Son cinco rubros principales, tres de raíces y tubérculos que son la yuca —la cual está concentrada en León—, en Jinotega es básicamente malanga coco; en la planta de Nueva Guinea se concentra el quiquisque o malanga lila, jengibre y un poco de malanga coco”, explicó Vargas.
“Eso nos ha permitido crecer en niveles de venta en los últimos siete años, pasando de cien mil dólares a proyecciones cercanas a los cuatro millones de dólares para los próximos años”, añadió.
CON RÁPIDO CRECIMIENTO
En la actualidad Tecnoagro cuenta con dos fincas en las que se cosecha la mayor parte de los productos que comercializan, pero también la empresa continúa acopiándole a pequeños productores de occidente.
Según Vargas, el volumen de la producción de estas plantas ha constituido parte importante de las operaciones de la empresa junto con el acopio de la producción de los municipios de la zona.
“A través del programa Empresas y Empleo de Carana (financiado por USAID), nos hemos constituido como una empresa ancla y a través de ellos hemos solidificado nuestra relación con treinta productores”, añade.
La empresa en total —según su propietario— da empleo a unas 250 personas, la mayor parte concentradas en el campo. Ahí se incluye a los setenta que laboran en la planta de León.
METAS AMBICIOSAS
Diego Vargas Belli, gerente propietario de Tecnoagro, detalla que solo a nivel regional la empresa factura 700,000 dólares en ventas anualmente. La mayor parte de los productos son exportados a El Salvador y Costa Rica.
Vargas Belli explica que el mayor mercado para Tecnoagro lo representan los Estados Unidos, específicamente ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Miami. También las raíces y tubérculos tienen buena aceptación en Puerto Rico.
Esto hace que Tecnoagro se haya trazado metas de ventas ambiciosas en sus distintos nichos de mercados. Su propietario considera que en dos años las ventas de esa empresa podrían alcanzar los cinco millones de dólares.
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