El jueves de la semana pasada, bajo el título “Dados cargados en licitación de telefonía”, LA PRENSA publicó un reportaje que ilustra el funcionamiento del “capitalismo de amigos” imperante en Nicaragua.
Dicho reportaje se refiere a la próxima concesión de una nueva banda para telefonía móvil, la cual prácticamente ya se ha concedido de antemano a una empresa de China comunista promovida en Nicaragua por un hijo de Daniel Ortega que ha devenido en súper empresario promotor de inversiones extranjeras.
En el pliego de bases y condiciones para participar en la licitación de la nueva banda de telefonía, el Gobierno ha puesto requisitos a los cuales solo la empresa china se puede ajustar. De modo que las empresas privadas independientes que de acuerdo con la Ley de Licitaciones vigente tienen derecho a participar con sus ofertas, y podrían ofrecer condiciones más ventajosas para los usuarios nicaragüenses, han sido descalificadas de previo y sacadas de hecho de una competencia que ni siquiera llegó a comenzar.
Esto es precisamente lo que se llama el “capitalismo de amigos”, uno de los tres tipos fundamentales de capitalismo que funcionan actualmente en el mundo. Los otros dos son el capitalismo competitivo y el capitalismo de Estado.
El capitalismo competitivo, dicen los economistas, es el normal, que funciona de acuerdo con las reglas económicas y legales de la libre competencia. O sea que es el capitalismo sano, el cual tiene que ser competitivo en todos los ámbitos donde opera para obtener los dividendos que imperiosamente necesita y los busca incluso para poder sobrevivir.
El capitalismo de Estado, según la Gran Enciclopedia de Economía, es aquel que funciona “cuando es el Estado el que actúa como capitalista a través de empresas públicas o empresas de propiedad estatal (Sociedades Estatales), produciendo bienes y servicios cuya provisión podría haber sido confiada al mercado y compitiendo en los mercados nacionales e internacionales con toda suerte de empresas privadas”. Y agrega la citada Enciclopedia económica que, según demuestra la experiencia histórica, el capitalismo de Estado “termina siempre por degenerar en una suerte de capitalismo monopolista sostenido por burocracias ineficientes y opresoras”. Lo cual es precisamente lo que ocurre en países como China y Venezuela, agregamos nosotros.
En cuanto al capitalismo de amigos, este no se encuentra clasificado en la Gran Enciclopedia de Economía, pero se le puede identificar con facilidad porque es el que funciona al amparo del Estado, mejor dicho de los gobernantes y funcionarios oficiales corruptos que aprovechan el poder político para favorecer a sus amigos empresarios, nacionales y extranjeros, y sobre todo para enriquecerse ellos mismos. Tal es el sistema económico que está operando en Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega, el cual sin embargo para fines de propaganda se auto llama “solidario y socialista”.
Adjudicar las concesiones a empresarios amigos del régimen sin que llenen los requisitos de la ley de licitaciones, mientras se descalifica arbitrariamente a los competidores independientes que sí los cumplen, eso es el capitalismo de amigos, en el cual los empresarios venales se acomodan al poder político y pagan coimas para hacer negocios que resultan muy lucrativos porque se hacen sin competencia.
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