La Asamblea Nacional está a punto de aprobar la adhesión de Nicaragua al llamado Sistema Unitario de Compensación Regional de Pago (Sucre), el cual es un instrumento financiero concebido como medio de pago para el intercambio comercial entre los países miembros de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba), prescindiendo del dólar estadounidense.
Los países miembros del Alba son ocho: Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, y tres pequeñas islas de las Antillas Menores llamadas Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas. El comercio de Nicaragua con esos países, a excepción de Venezuela, es prácticamente nulo y al parecer sin perspectivas de poder desarrollarse. Sin embargo, la adhesión del país al sistema monetario del Sucre como sustituto del dólar tendrá necesariamente un significativo impacto en la economía nacional, y por lo tanto en la empresa privada nicaragüense, la cual, al menos en lo que se refiere al Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), le ha dado su consentimiento con algunas reservas.
En efecto, según informó LA PRENSA en su edición del viernes pasado, “la empresa privada nicaragüense respaldó la adhesión del país al Sistema Unitario de Compensación Regional de Pago (Sucre), pero una parte del sector mantiene la presión de que el comercio con Venezuela debe quedar libre de la intermediación de la empresa Alba Alimentos de Nicaragua (Albalinisa)”. Albalinisa, como se sabe, es una empresa pública y privada al mismo tiempo manejada por la familia gobernante como un instrumento para financiar sus políticas asistencialistas y en su beneficio particular.
Se supone que el Sucre podría funcionar en el caso de que el comercio entre Nicaragua y demás países del Alba fuese un intercambio solo entre gobiernos o empresas públicas, las cuales pueden negociar incluso mediante el trueque, como ha sido siempre el ideal económico comunista. Pero las empresas privadas de Nicaragua que comercien con Venezuela o cualquier otro país miembro del Alba, necesitan hacerlo libremente y utilizando el dólar como medio de pago. No tendría ningún sentido ni incentivo que las ventas de carne, frijoles y cualquier otro producto nicaragüense a Venezuela, por ejemplo, les fuesen pagadas en sucres (o sea en córdobas) a nuestros productores, por intermediarios como Albalinisa.
El Sucre ya ha sido utilizado como medio de pago por intercambio comercial. La primera vez fue en febrero del 2010, cuando Cuba “compró” un cargamento de arroz venezolano y “pagó” con los supuestos sucres. En julio de ese mismo año Ecuador le “vendió” a Venezuela también un cargamento de arroz, de unas 5,500 toneladas métricas, habiendo sido el exportador el Banco Nacional de Fomento del Ecuador y el importador una corporación pública adscrita al Ministerio de Agricultura venezolano; en esa ocasión la parte ecuatoriana recibió casi un millón novecientos mil sucres por la transacción . También Bolivia exportó cinco mil toneladas métricas de aceite de soja a Venezuela, por valor de 4.64 millones de sucres, y se anunció que en este año la parte boliviana multiplicaría por cinco sus ventas a Venezuela, pagadas en sucres.
Pero ese intercambio más que comercio es trueque, al cual la empresa privada no podría acomodarse y por tanto tendría que salir del negocio y de la competencia.
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