Ledia Gutiérrez
Psicóloga clínica
Errar es de humanos. Quien no comete errores es porque no ha vivido, pero cuando fallamos somos implacables con nosotros mismos , tanto que nos culpamos, autoagredimos, no nos perdonamos y es muy difícil aceptar nuestros errores. La ley de la asertividad dicta que es un derecho; que es diferente a aprender a fallar ¡esto es absurdo!
Podemos aprender a aceptar nuestros errores, ya que nos hará mejor persona. Además así podremos crecer interiormente porque vamos a estar más conscientes y ese mismo error no lo volveremos a cometer.
Con nuestros hijos somos verdugos para censurar sus faltas, formas agresivas, para inculpar muchas veces por fallas o equivocaciones sencillas. De manera inquisidora les hacemos ver sus errores queriendo y hasta exigiendo que no deben cometer errores.
Las personas inteligentes emocionalmente son capaces de ver sus faltas y la de los demás, pues existe en ellos la capacidad suficiente para comprender y entender que nuestro desarrollo personal está compuesto en aciertos y desaciertos.
El consejo: evitar los errores que conocemos, nos ha costado caro el haberlos cometido y lo otro procurar tratar con dulzura, con amor si nuestros hijos pequeños o adultos han fallado. Es importante aconsejarlos y persuadirlos que hay mejor formas de hacer las cosas, porque solo así aprenderán a ver la vida de forma diferente. Es más fácil, porque con un castigo severo o una crítica agresiva puede dañar su autoestima, su visión del mundo, donde podrá luchar en el día a día sabiendo que no es perfecto, pero que puede hacer las cosas de forma correcta.
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