Hace muchos años vivimos en un completo caos; estamos peor que antes del diluvio universal y que en tiempos de Sodoma y Gomorra, pues por todas partes contemplamos un mundo desajustado totalmente, donde impera la inmoralidad, la injusticia, el crimen y el terror. Preguntémonos: Cuándo Dios se ha aparecido de nuevo (como a Moisés) diciéndonos que ahora quedan abolidos los mandamientos, como muchos quisieran, y que ya podemos robar, matar, calumniar, tener relaciones ilícitas, mantener sexo con personas del mismo género y, para llegar al colmo del desastre, casarse hombres con hombres y mujeres con mujeres y adoptar hijos esas parejas disparejas y para remate matar al niño de nuestras entrañas mediante un aborto.
Pero no: Dios no cambia jamás, es inmutable, mucho menos en su doctrina y amorosos designios, pues las costumbres varían, pero la moral nunca.
Da escalofríos realmente ver cómo nosotros mismos nos estamos hundiendo por nuestro pésimo discernimiento y desequilibrado proceder, sobre todo en cuanto a la decencia se refiere como hemos visto. Ahora basta tan solo observar a la juventud actual —hombres y mujeres del mañana, quienes regirán nuestro futuro— para vislumbrar el destino que espera a la humanidad; produce pánico ver cómo se está desarrollando. Hoy ya no podemos exclamar: “juventud, divino tesoro ”, sino “juventud, terror del mañana”. Dicen que los jóvenes son los mismos en toda época; nada más falso pues ahora se da el caso, por mencionar algunos, de que no han terminado de conocerse dos adolescentes o jóvenes en una fiesta, cuando después de salir del lugar van directamente a acostarse sin ningún pudor o freno que los controle. Y ya no digamos que como consecuencia de esta unión, la joven resulte embarazada y sin escrúpulo alguno, ambos deciden proceder al aborto por no responsabilizarse de la consecuencia de sus actos.
La teoría en boga para justificar este crimen abortivo es que la mujer es dueña de su cuerpo y por ende tiene derecho a cometerlo sin importarle Dios y la vida del niño, pues solo el mismo Dios es el que tiene todos los derechos.
Dichosamente no todo está perdido. Actualmente jóvenes de ambos sexos guardan la castidad debido a los valores cristianos heredados de sus padres basados en la moral. Aunque usted no lo crea, eminentes médicos aseguran que la castidad es posible y en estos tiempos de la proliferación del sida, aconsejan la completa abstinencia a los solteros. Además, como cristianos recordemos que para el ejercicio de esta virtud contamos con la gracia de Dios. Recordemos también que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y no está hecho para la fornicación.
Pongamos coto inmediatamente al desenfreno que reina por doquier, comenzando los padres de familia por reeducar a los hijos, pues todavía es tiempo, ya que primordialmente en el seno familiar se forjan las personas auténticas, dependiendo siempre de la moral que desde infantes se les inculque. Si en el templo sagrado del hogar observan los niños que sus padres se aman y practican la bondad, así actuarán ellos cuando sean mayores.
Es urgente volver a las fuentes: están en las costumbres decentes de nuestros padres y abuelos; están en el correcto proceder de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. No hay otro camino ni otra salvación.
No olvidemos en todas nuestras acciones buscar el beneplácito de Dios, el único que nos señalará si dichas acciones están encaminadas hacia el correcto sendero.
La autora es secretaria ejecutiva.
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