Henrique Capriles y Hugo Chávez arrastran multitudes, pero los partidarios del régimen celebran una liturgia inveterada, como la rutina de las parejas que ya perdieron la pasión. La manifestación oficial es ahora un rito, antes el entusiasmo era puro, hoy el diluyente de la “orientación partidaria” lo ha convertido en el tedioso compromiso de echar andar el armatoste de la propaganda.
Del lado de Capriles la alegría es fresca, el candidato de la oposición unida ha logrado ilusionar a millones con la posibilidad del cambio. El prodigio político de Capriles me recuerda al de Obama hace cuatro años. El ánimo que infunde ha llenado de esperanza al pueblo de que hay un camino distinto. Una esperanza que como él mismo dice, “es capaz de vencer el miedo”. Si nos atenemos a las cifras del desastre del chavismo, una victoria de Capriles es altamente probable. El marxismo-leninismo produjo en Venezuela lo mismo que en Europa y en el resto del mundo: Una justicia social que solo vuelve ricos a los jefes del partido, mientras el pueblo se vuelve esclavo y pordiosero del Estado.
La firma ODH ha hecho un interesante análisis de la caída del voto oficialista. Los datos abarcan los últimos seis procesos electorales en Venezuela, del 2006 al 2010, Chávez ha perdido 1.8 millones de votos, contra un incremento de 1.5 millones de sus adversarios.
Venezuela importa más del 70 por ciento de su consumo, su inflación es una de las más altas del mundo (27 por ciento anual), solo superada a veces por Etiopía (37 por ciento) y su tasa de inversión de las más bajas del continente. En 2007 por ejemplo según la Cepal, Brasil recibió una inversión extranjera directa de $34,584 millones, Venezuela $646 millones.
La corrupción y la incompetencia generan también apagones, escasez y atención precaria en los hospitales. Venezuela además es el quinto país más violento del mundo, 180 mil personas han sido asesinadas por la delincuencia en 14 años de revolución y Chávez ha despilfarrado casi un billón de dólares de la renta petrolera.
Solamente los Castro —sin anotar a otros vividores como Daniel Ortega— se llevan 100,000 barriles diarios, de los cuales financian la mitad a 25 años al uno por ciento. Cuba ya vende petróleo, en 2008 exportó $880 millones. La isla también le cobra a Venezuela más de $6,000 millones anuales por “servicios médicos”. El país sobrepaga 44 veces más a un médico cubano que a uno nacional.
“14 años de promesas incumplidas” es el eslogan central de Capriles, algo que con detalles repite en cada pueblo, junto con un desglose del derroche de Chávez en el exterior. En cada lugar hay descontento por un sinnúmero de proyectos sociales que nunca se cumplieron y gente afectada por las expropiaciones, la violencia, el desempleo o las fallas en los servicios públicos.
Capriles también lee en voz alta las propuestas del gobierno. En su paroxismo, lejos de la triste realidad venezolana, Chávez propone un objetivo sublimemente ridículo: “Contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional, en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria”.
Frente a la inminente derrota, Chávez enseña la carta favorita del tarot comunista: El miedo. Al perder tiene dos opciones: entrega el poder o desata el caos, tristemente creo que va escoger mal y en ese caso el pueblo venezolano sabrá dar una respuesta.
El autor es psicólogo
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A