Editorial: El replanteamiento del sistema político
En el Mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua que fue dado a conocer el miércoles de la semana pasada, los obispos expresan su consideración esencial de que “la situación que vive el país exige urgentemente replantear el funcionamiento integral del sistema político”.
Esta consideración trascendental y concluyente de los obispos se sustenta en el señalamiento de que “la vida política del país está hoy dominada por un estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo, que se manifiesta a través de la concentración de poder y el deseo desmedido de conservarlo y perpetuarse en él, la manipulación de la ley y de las instituciones y la destrucción de los principios fundamentales que constituyen las bases del Estado de Derecho: la subordinación del poder a la ley, la supremacía de la Constitución, la jerarquía de la norma jurídica y la separación e independencia de los poderes del Estado, entre otros”.
La verdad es que no se podría hacer un diagnóstico más preciso sobre nuestro sistema político actual, que el que se hace en esta reflexión pastoral de la Conferencia Episcopal. Pero, ¿cómo se debe entender la consideración de los obispos, de que es urgente replantear el sistema político del país? Replantear, más allá del sentido formal de la palabra que significa volver a plantear algo, según dicen los diccionarios de español, en el lenguaje político significa “redefinir una situación de conflicto, hacer que las partes se unan para trabajar en la creación de nuevas opciones de solución al problema, para lo cual los intereses de cada una de las partes deben estar claros”.
De manera que se puede entender que en su mensaje los obispos están llamando en forma indirecta a un diálogo de los diversos componentes de la sociedad política de Nicaragua, entre los cuales el Gobierno y la oposición son los principales pero también son muy importantes y no deberían ser excluidos, la sociedad civil y otras instituciones sociales; un diálogo para reconsiderar, redefinir, replantear y en fin de cuentas para cambiar el sistema político del país.
Pero este sistema político ha sido impuesto por el actual gobernante autocrático de Nicaragua, que concibe el poder “como patrimonio personal y no como delegación de la voluntad popular expresada en la Constitución y en la Ley”; lo cual “suscita inevitablemente polarización, arrogancia, ambición e irrespeto a la Ley, intolerancia y luchas inútiles en la sociedad”, según la aguda observación que hacen nuestros obispos en su Mensaje del miércoles 26 de septiembre. De manera que para cambiar el sistema político imperante es imprescindible sustituir a este gobierno, pues no se puede esperar que Daniel Ortega cambie por su propia voluntad y más bien ya nos está amenazando con volver a imponerse en el año 2016.
A esa tarea monumental de cambiar el gobierno debe dedicarse la actualmente dispersa, debilitada y timorata oposición de Nicaragua, por lo cual tendría que comenzar por replantearse a sí misma.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A