Editorial: ¿Venezuela hoy como Nicaragua en 1990?
Esta semana se recibió en diversos medios de comunicación de Nicaragua, la última encuesta realizada por la firma venezolana Consultores 21 antes de la crucial elección presidencial de Venezuela, que tendrá lugar el próximo domingo 7 de octubre. Según los resultados de esta encuesta, en una simulación secreta de la votación 48.9 por ciento votó por el candidato democrático de la oposición unificada, Henrique Capriles, y 45.7 por ciento lo hizo en favor del presidente autoritario Hugo Chávez.
Decimos que esta elección venezolana es crucial, porque si Chávez gana y se vuelve a reelegir profundizaría su “revolución bolivariana” y su “socialismo del siglo 21”, de manera que Venezuela seguiría avanzando en dirección a convertirse en otra Cuba comunista, como el mismo Chávez lo ha prometido en su programa electoral. En cambio, si Capriles gana la elección, Venezuela entraría en un proceso de transición a la democracia, es decir, a restituir el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos y las libertades públicas, a reconstruir las instituciones democráticas, a recuperar para el pueblo venezolano la riqueza petrolera nacional y a racionalizar el sistema económico que el chavismo ha colapsado; y se mantendrían los programas sociales de beneficio popular fortalecidos con el inmenso valor agregado que representan la libertad, la democracia y el respeto a la dignidad humana de todos los venezolanos, como es el compromiso de Capriles.
Pero la firma venezolana Consultores 21 es prácticamente la única encuestadora que muestra como posible triunfador en la elección del 7 de octubre, al líder opositor democrático Henrique Capriles. Todas las demás encuestas dicen lo contrario y algunas con diferencias abrumadoras a favor de Chávez.
Esta situación nos motiva recordar lo que ocurrió en Nicaragua en 1990. En aquella ocasión había en el país, igual que ahora en Venezuela, un régimen autoritario que nos arrastraba hacia el modelo comunista de Cuba, con sus lógicas variantes. Además, antes de las elecciones del 25 de febrero de 1990 todas las encuestadoras auguraban el triunfo de Daniel Ortega, salvo la firma costarricense de Víctor Borge y Asociados, que era la única que vaticinaba el triunfo de la candidata democrática, doña Violeta Barrios de Chamorro. Y en efecto ganó doña Violeta aquella histórica elección con un contundente 54.74 por ciento de la votación, mientras que Ortega sacó el 40.87 por ciento de los sufragios.
Lo que ocurrió fue que algunas encuestadoras pro gobierno falsificaban groseramente las encuestas; otras, eran independientes pero el trabajo de campo lo hacían simpatizantes sandinistas y la mayoría de las personas encuestadas ocultaba su verdadera intención de voto; solo la firma de Víctor Borge, que trabajaba con personal costarricense e inspiraba confianza a los ciudadanos entrevistados, fue la que pudo reflejar la verdadera voluntad electoral del pueblo nicaragüense.
Ahora estamos en otro tiempo y la Venezuela de 2012 es diferente a la Nicaragua de 1990. Pero la contienda de libertad y democracia versus opresión y dictadura, es la misma. ¡Y por eso cómo quisiéramos que el 7 de octubre se repitiera en Venezuela lo que ocurrió en Nicaragua el 25 de febrero de 1990!
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