Miguel de Cervantes Saavedra nace el 29 de septiembre en 1547 en Alcalá de Henares, una pequeña ciudad universitaria cerca de Madrid. Su padre era un pobre hidalgo que practicaba la cirugía.
Se educó con los Jesuitas. En Madrid fue alumno del humanista López de Hoyo. Se casó con Catalina de Palacios y no fue feliz en su matrimonio. Luchó en la batalla de Lepanto (1571) contra los turcos donde fue herido de la mano izquierda y no manco como se le atribuyera. En su regreso a España, el barco en que viajaba fue atacado por los turcos y cae prisionero por cinco años hasta que los frailes Trinitarios lo liberaron. Tuvo que emplearse en diversos oficios ajenos a la literatura y pasó veinte años sin editar después de publicar su novela pastoril La Galatea . No es hasta después de su muerte que Cervantes alcanza su mayor reconocimiento.
Cervantes nace durante la Literatura del Siglo de Oro. Los géneros literarios que daban prestigio y fama a un escritor eran: la poesía y el teatro. Los literatos de esta época que pertenecían a la nobleza o la Iglesia, junto con la monarquía no cultivaron la novela, un género joven todavía. Cervantes se dedicó al teatro y nunca logra el reconocimiento que alcanzara Lope de Vega. Veinte años más tarde en 1605, se publica la primera parte de su obra Don Quijote de la Mancha . En 1613 escribe Novelas Ejemplares , Los trabajos de Persiles y Segismunda . La segunda parte de Don Quijote no sale a relucir hasta en el año 1615, un año antes de su muerte; escribiendo en ese mismo período: ocho comedias, ocho entremeses y Viaje al Parnaso . Al morir deja inédita la obra Numancia que se publica en el siglo XVIII. Sin embargo, es a través de su obra maestra Don Quijote de la Mancha donde Cervantes adquiere la inmortalidad dejando en nuestra historia un legado imperecedero.
El ingenioso Hidalgo, “el caballero andante” Don Quijote y su escudero Sancho Panza han sido tema de estudio de innumerables hombres de letras, filósofos, científicos, sociólogos, psicólogos, pintores, políticos, e historiadores a lo largo de nuestra historia. Esta obra ha sido tan leída como la Biblia y es el libro de más rico tesoro que nos legara nuestra madre patria.
En Don Quijote y su escudero Sancho existe una dualidad en la que está reflejada nuestra propia existencia. Tenemos la imaginación que fantasea y el juicio que razona, el idealista y el realista. Don Quijote el ideal y Sancho lo real. El idealismo que no se puede encajar en la vida real y en las exigencias del medio en que se vive que se hace un imposible y se convierte en un ideal fracasado. Don Quijote el ilusionado de ideales, fantasea viendo doncellas donde no las hay. Se enamora de la Dulcinea del Toboso y ve en ella a la más grande y hermosa mujer. Ve en los molinos de viento monstruos, y en las ventas castillos. Don Quijote se nos hace a veces risible y loco. “El Caballero de la Triste Figura”. Más sin embargo, es de valores superiores: es justo, honrado, sin intereses personales. Su escudero Sancho que no ve más que la realidad cruda de la vida, sigue al caballero y le sirve fielmente porque no es capaz de extraer de sí mismo ese ser superior y elegido que mira en Don Quijote. Sancho el refranero, prosista, aldeano sagaz, malicioso, interesado, cobarde a veces, que comete graciosos desatinos, como todo hombre: se burla y ríe de los idealistas, los explota a veces con engaños pero los reverencia, admira y los ve como orientadores de la vida y se encadena a su ley.
Hay dos tendencias en la obra de Don Quijote: la soñadora y la práctica al igual que en nuestras vidas. Sin ideales nobles y si no nos inspiramos en la justicia y en la verdad, el hombre desciende a la animalidad. Animalidad que también se refleja en el poema Los Motivos del Lobo de nuestro gran genio nicaragüense Rubén Darío. Es por esta razón que el profundo pensar y la genialidad manifestada a través de estos personajes, que Miguel de Cervantes logra inmortalizarse. Su cuerpo muere pero no su genio, ni sus personajes, ya que ellos reflejan nuestros estados mentales llenos de ideales y fantasías.
Su obra inmortal perdurará a través de todo los tiempos. No para menos dice Oscar Miró de Quesada de la Guerra:
“Hay estrellas tan lejanas que desaparecen, pero cuya luz continúa iluminando el mundo, que lo prolongado de su viaje es tanto que antes terminará la tierra que acaben esas estrellas de lucir. A semejanza de tales astros, los escritores como Cervantes solo pierden con la muerte el cuerpo mortal, pero el resplandor de su genio prosigue refulgiendo para siempre”.
En 1616 Cervantes al igual que su personaje Don Quijote, fallece en la más grande miseria y en un paralelismo curioso, también muere William Shakespeare otro astro de la literatura mundial.
La autora es graduada de Saint Louis University con una Maestría MA en Literatura Española.
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