El mensaje, de la Conferencia Episcopal de Nicaragua dado a conocer el miércoles de esta semana en Matagalpa, es una iluminación espiritual para que los nicaragüenses pongamos la atención en la raíz de la situación actual del país, y para alentarnos a tener fe y confianza en el futuro.
Este mensaje es válido y útil para todos los nicaragüenses, no solo para la población propiamente católica, pues por su autoridad moral y el sentido apostólico y pastoral de sus mensajes los obispos alumbran con su palabra a todos los estratos de la sociedad.
Como los mismos obispos y sacerdotes lo subrayan ante los medios de comunicación, ellos no hablan para un sector de la población ni por una coyuntura específica y mucho menos con un estrecho sentido partidista. Por el contrario, sus mensajes se proyectan hacia el futuro y la trascendencia, clamando siempre por valores perennes, profundos y universales. Siendo que los obispos y sacerdotes actúan en la sociedad, su predicación de los valores humanos y religiosos tiene necesariamente connotación política. Pero en su prédica ellos marcan esos valores sin inmiscuirse en la política menuda, que es la política coyuntural y partidaria, porque salvo excepciones ellos no tienen aspiraciones de poder material.
De allí que en el mensaje de esta semana los obispos se hayan referido, como se esperaba, a las cuestionadas elecciones municipales del próximo 4 de noviembre y al respecto señalan que la decisión de ejercer o no su derecho al voto en esta ocasión, es asunto de la conciencia y la libertad de cada ciudadano. Sin embargo los obispos denuncian con toda claridad que no hay garantías para que las elecciones sean justas y limpias; advierten que no hay confianza en las autoridades electorales de facto, por sus reconocidos malos antecedentes; y exigen —otra vez— honestidad y transparencia en el escrutinio de los votos y, por lo tanto, respeto a la voluntad popular.
Pero las elecciones municipales del próximo 4 de noviembre son una cuestión coyuntural y el mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua va mucho más allá. Los obispos van al meollo del problema político nacional y denuncian “el estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo” que se practica en el país. Y al mismo tiempo, para dar a cada quien lo suyo, critican a los partidos de oposición porque “no han logrado interpretar el sentir de la población, no renuevan a sus líderes y no ofrecen estrategias políticas alternativas claras ”
Los obispos consideran con toda razón, que es necesario “replantear el funcionamiento integral del sistema político” de Nicaragua y nos exhortan a ver hacia el futuro, a tener confianza en “la bondad y la capacidad del pueblo para construir un presente más digno y un futuro luminoso para todos”; a “liberarnos de la resignación, del indeferentismo y del conformismo y no dejarnos llevar nunca del odio y la violencia”.
De manera que, como dijimos al comienzo de este editorial, el mensaje episcopal es para los nicaragüenses en general y todos deberíamos aprovecharlo. Pero particularmente los políticos y sobre todo los que son o se dicen demócratas, quienes deberían utilizarlo como una guía intelectual, espiritual y moral para la rehabilitación de la política en Nicaragua, que tanto se necesita.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A