El pasado 18 de septiembre los diputados tuvimos una sesión especial en la Asamblea Nacional en la conmemoración del 191 aniversario de la Independencia de Centroamérica, el 174 aniversario de la Primera Constitución Política con el nacimiento del Estado de Nicaragua y el 156 aniversario de la Batalla de San Jacinto. Me tocó hablar en nombre de la Bancada Democrática Nicaragüense y cerré mi intervención haciendo una reflexión y una exhortativa a nuestros gobernantes centroamericanos que hoy comparto y extiendo para los lectores de LA PRENSA .
Las cinco naciones centroamericanas venimos de un pasado común y si bien nuestra independencia fue incruenta, no podemos decir lo mismo de nuestra vida después del 15 de septiembre de 1821, cuando buena parte de estos casi dos siglos que han transcurrido o nos hemos pasado haciendo la guerra intestina, o nos hemos pasado haciendo la guerra fratricida entre hermanos centroamericanos.
Fue únicamente cuando nos unimos los nicaragüenses, “democráticos” y “legitimistas”, el 12 de septiembre de 1856 con el “Pacto Providencial” que hizo honor a su nombre, dejando nuestras diferencias políticas que nos llevaron a la guerra a un lado y cuando nos unimos los centroamericanos, que logramos nuestras mayores victorias, sobre todo la expulsión de los filibusteros del suelo centroamericano.
Cada aniversario debería de acercarnos más a ese destino de unidad porque fue así que un día nacimos, quizás prematuramente independientes, con pocas vías de comunicación y comercio que entrelazaban a las pequeñas e incipientes repúblicas.
Cada aniversario nos debe de acercar más a los centroamericanos hacia ese sueño de unidad, que soñó Morazán y tantos otros próceres centroamericanos que le antecedieron.
Ahora con la comunicación instantánea y con la excelente infraestructura que une nuestros territorios, ese sueño de unidad que hemos acariciado está más cerca, porque es más factible realizarlo.
No hay mejor forma de honrar los días patrios que recordando y venerando todo aquello que nos une y desechando lo que nos ha separado siempre.
Los únicos símbolos que deben ondear en estas celebraciones es nuestra bandera nacional, nuestro escudo con los cincos volcanes, semejando las cincos repúblicas centroamericanas que nacieron frágilmente unidas aquel 15 de septiembre de 1821 en la Capitanía General de Guatemala, pero que se graduaron en unidad fraterna durante la guerra nacional, en aquella gesta heroica contra el filibustero invasor de 1855-1857.
En este mes de septiembre, mes de la patria, únicamente nuestro Himno Nacional debe sonar y nuestra Bandera Nacional ondear, honrando así la memoria de quienes de descobijaron de los símbolos partidarios para abrazar únicamente los mayores intereses de la patria y dieron juntos la batalla, triunfando ante la adversidad.
Digo que son reflexiones patrias de actualidad, aunque los días patrios hayan pasado cuando escribo, y el discurso haya sido pronunciado, porque las lecciones que nos dio la historia aún no han sido aprendidas y por lo tanto, siempre serán de actualidad.
El autor es diputado por la Bancada Democrática Nicaragüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A