No hay que creerle a Clint Eastwood. No, al menos, cuando el prolífico hombre del cine anuncia que se retira de la actuación. Así lo había sugerido en 2008 después de “Gran Torino”, cuando interpretó a un veterano de guerra en el filme del que también fue director y productor: que ya estaba hecho con la actuación bajo las direcciones de cualquier otro que no fuera él mismo. Lo cual, con 78 años y una filmografía apabullante a cuestas, parecía tener sentido. “Hace tiempo dije que no iba a actuar más y ya ven… a veces uno simplemente miente, mucho”, dice Eastwood, y se ríe. Pero su socio durante más de dos décadas, el productor Robert Lorenz, le acercó Trouble with the Curve (Golpe de efecto), que se estrenó el pasado viernes en Estados Unidos, y lo persuadió de ponerse bajo sus órdenes. Así, la cinta se convirtió en el debut directoral de Lorenz y en el regreso de la estrella de Harry, el sucio al rol de actor liso y llano, a sus 82 años, después de casi dos décadas de no ceder la silla de director.
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