JESÚS ORTÍZ CÁRCAMO
En el presente escrito quiero hacer una reflexión sobre aspectos que marcan la relación entre padres y maestros; familia y escuela en la difícil tarea que les concierne a ambos: la educación de los hijos.
No podemos generalizar pero en un rápido análisis me permito afirmar que hace unos pocos años, las familias contaban con valores morales propios muy superiores a los existentes.
problemas de familia
En la actualidad las familias, a pesar de sus mejores niveles de formación y educación, están más afectadas por influencias sociales negativas que las hacen más débiles en su estructura.
La familia en ocasiones frecuentes se encuentra inmersa en problemas reales, tales como los económico-sociales que afectan su estabilidad; la ausencia de ideales claros de superación personal; dificultades de convivencia o separación del núcleo familiar, etc.
Son los padres quienes gozan de una comunicación única que exclusivamente se da en el seno de la familia y que permite interrelaciones personales: de afecto, ayuda, orientación, etc. Estos vínculos insustituibles influyen y modifican la conducta del hijo.
lazos de familia
En una familia todos educan y son educados.
Por otra parte, la típica relación existente entre escuela y familia exige de ellas una estricta coordinación, reciprocidad, participación y comunicación.
Esa relación de confianza es la que determina, matiza y da forma al binomio familia-escuela, que debe estar marcado por una actitud de responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar a los hijos.
Ello implica una verdadera relación de comunicación donde padres y maestros establezcan una vía abierta de información y orientación sobre la educación de los hijos, constructiva y exenta de tensiones, por el rol que cada uno desempeña.
claves para educar
En tal sentido, la familia debe tener una actitud activa y participativa, más allá de las aportaciones precisas de información sobre los hijos y estar abiertos a colaborar en la medida que lo requieran los maestros: esto es, trabajar conjuntamente en la orientación de la persona en orden a un proyecto común de educación.
Si no se produce este acuerdo previo sobre cómo y para qué queremos educar a nuestros hijos, la disfuncionalidad en la relación padres-maestros estará asegurada.
Una escuela no puede limitar su actividad a los campos que sean de su exclusivo interés, sin atender la necesidad de la familia.
(Director de la escuela San Francisco de Asís Managua).
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