Editorial: Expectativas de la campaña electoral
Ayer, jueves 20 de septiembre, arrancó oficialmente la campaña electoral para los comicios municipales del próximo 4 de noviembre. Y lo primero que debemos decir al respecto es que se trata de una campaña electoral totalmente asimétrica, en la cual el partido de Daniel Ortega tiene todas las ventajas que le da el uso y abuso del poder, mientras que la oposición carece de económicos, la posibilidad de recibir la compensación de gastos con fondos estatales prevista en la ley es mínima, y por lo tanto tampoco puede obtener créditos privados.
A esa enorme desventaja hay que agregar la persecución policial de la que es víctima la oposición en lugares donde Ortega siempre ha perdido las elecciones, como en Las Segovias; el desprecio del Gobierno a las recomendaciones de la Unión Europea y la OEA para una sanidad electoral mínima; el hecho de que estas elecciones son organizadas por el mismo CSE corrupto, fraudulento y desacreditado; la falta de observación electoral confiable, etc. Y como si fuera poco todo eso, la oposición que participa en la campaña electoral soporta un ataque desproporcionado del sector abstencionista, que la califica como vendida, zancuda y sinvergüenza.
Pero, si son tan adversas las circunstancias electorales y serán casi nulos los beneficios que obtenga la oposición, ¿para qué participar y pedir a los ciudadanos que vayan a votar sabiendo que sus votos no serán respetados?
La respuesta es que participar en las elecciones constituye un derecho y es una conquista democrática del pueblo, no una dádiva de Daniel Ortega y su partido. Y este derecho se debe defender de cualquier manera, siempre y aún en las peores circunstancias.
La campaña para motivar a la gente a que no participe en las elecciones, es atractiva para algunos sectores porque parece radical y revolucionaria. Sin embargo es una tontería dejar que Ortega se apropie sin ninguna oposición de todos los espacios municipales. Si solo una alcaldía fuese a quedar bajo administración opositora, ese gobierno municipal habría que ocuparlo y aprovecharlo en beneficio de la causa democrática.
En realidad, participar en esta elecciones sería incorrecto si hubiera en el país una situación revolucionaria, de crisis general, o sea que Ortega ya no pudiera seguir gobernando normalmente y que el pueblo ya no quisiera seguir siendo sojuzgado, demostrándolo en las calles. En tales condiciones, participar en unas elecciones que no serán justas ni transparentes en vez de ponerse al frente de la movilización popular, más que un error sería una traición. Pero esa situación no existe, por ahora, ni es algo que se crea espontáneamente y mucho menos quedándose en casa. Hay que crearla mediante una labor perseverante y aprovechando todos los espacios que sea posible, incluyendo los sainetes electorales.
Sin duda que algunos o muchos no están de acuerdo con esto y tienen derecho a opinar lo contrario. Pero esto es coyuntural; después las fuerzas democráticas tendrán que unirse aunque solo sea para poder sobrevivir.
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