Hoy se cumplen cuatro años desde uno de los desastres financieros más grande de la historia económica de Estados Unidos. LAPRENSA/ ARCHIVO

Cuatro años desde el Lehman Brothers

Nueva York / EFE Cuatro años después de la caída de Lehman Brothers, el terremoto financiero que inauguró oficialmente la mayor crisis desde la Gran Depresión, sus efectos todavía se resienten en EE. UU., un país que se vio obligado esta semana a lanzar una nueva ronda de estímulo para intentar despertar su economía. Para […]

Nueva York / EFE

Cuatro años después de la caída de Lehman Brothers, el terremoto financiero que inauguró oficialmente la mayor crisis desde la Gran Depresión, sus efectos todavía se resienten en EE. UU., un país que se vio obligado esta semana a lanzar una nueva ronda de estímulo para intentar despertar su economía.

Para Robert Hockett, profesor de la Universidad de Cornell, aunque ya han pasado cuatro años desde ese desastre financiero “seguimos errando en el diagnóstico y mientras no seamos capaces de reconocer los problemas que nos llevaron a este punto seguiremos sufriendo los efectos de Lehman”.

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En estos cuatro años (desde la caída del Lehman Brothers) hemos puesto parches a la herida y tratado algunos síntomas”.

Robert Hockett, profesor de la Universidad de Cornell.

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El derrumbe de Lehman Brothers precipitó la caída en picada del sistema financiero estadounidense y se convirtió en el símbolo de una crisis, cuyas consecuencias siguen sintiéndose hoy en la economía mundial, que vino propiciada en gran medida por el abuso de las hipotecas de alto riesgo.

La Casa Blanca y la Reserva Federal decidieron entonces no acudir al rescate del emblemático banco, entidad con 158 años de historia a sus espaldas, pese a que sí habían intervenido antes para evitar la caída de otros grandes colapsos como el banco de inversión Bear Sterns o las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

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La Reserva Federal anunció esta semana una tercera inyección de liquidez en su economía a través de un programa de compra de títulos respaldados por hipotecas por 40,000 millones de dólares al mes que, si se suman a la llamada “Operación Twist”, eleva el monto a 85,000 millones de dólares. “Lanzar un nuevo plan de estímulo pone de manifiesto que EE. UU. no ha hecho los deberes, especialmente en materia de política fiscal”, advirtió Hockett, quien culpó a un Congreso “bloqueado y disfuncional” de no ponerse de acuerdo para resolver el verdadero problema que afronta la economía estadounidense.

Para el experto, no se han aprendido las lecciones que dejó la caída de Lehman Brothers, porque no basta con medidas monetarias para intentar que vuelva a despegar la primera economía del mundo, la solución “no va por ahí”, ya que aunque ayudan a medio plazo, “a la larga hay que afrontar el problema fiscal”.

El colapso, del que mañana se cumplen cuatro años, se gestó al calor de la burbuja inmobiliaria y, según Hockett, es “increíble” que se haya hecho “tan poco” para atajar ese problema, un “círculo vicioso” de retracción del consumo y freno de la economía, “porque en vez de consumir la gente está ahogada con las hipotecas”.

“Si no actuamos podemos encontrarnos fácilmente con una década perdida, como ya ocurrió en Japón en los años noventa, ya llevamos cuatro años y no hay señales de que nos estemos tomando las cosas en serio”, advirtió este profesor, quien reiteró que las medidas monetarias “no son suficientes”.

CAÍDA EN CASCADA

La quiebra del gigante de los servicios financieros contribuyó a precipitar la caída del Partido Republicano en la elecciones presidenciales y legislativas de noviembre de 2008 en EE. UU.

Ahora, cuatro años más tarde, la economía sigue siendo la mayor preocupación de los estadounidenses y vuelve a ser clave en la campaña electoral para las presidenciales de noviembre, una nueva cita con las urnas para dar continuidad a la presidencia de Barack Obama o ceder el mando al republicano Mitt Romney.

Hace cuatro años el Dow Jones de Industriales rondaba los 11,400 puntos y, después de la quiebra de Lehman aquel fatídico 15 de septiembre de 2008, llegó a precipitarse hasta las 6,600 unidades seis meses más tarde.

Tras esa negativa de Washington de rescatar con dinero público a Lehman, los ejecutivos de las mayores entidades financieras de EE. UU. se reunieron durante un largo fin de semana con los responsables de la FED para intentar que alguna de ellas se hiciera con el banco, pero ninguno aceptó el reto.

Así, el coloso de Wall Street no tuvo más remedio que declararse en quiebra, lo que arrastró consigo a otros de los grandes bancos de inversión de EE. UU., como Goldman Sachs y Morgan Stanley, que finalmente tuvieron que transformarse en entidades comerciales para poder sobrevivir a la tormenta que generó la caída de Lehman.

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