BEIRUT/AP
“No habrá diálogo con la oposición antes de que el ejército sirio imponga la seguridad y la estabilidad en todas las partes del país”, informó ayer el ministro de Información, Omran al-Zoebi, a los reporteros en conferencia de prensa en Damasco.
Este es el más reciente indicio de que el presidente Bashar al Asad está determinado a resolver la crisis en el campo de batalla, aún si debe morir un número mayor de civiles.
La oposición ha rechazado cualquier diálogo con el régimen hasta que Asad deje el poder. En respuesta a los comentarios del ministro, Muhieddine Lathkani, una personalidad de la oposición que radica en Gran Bretaña, señaló que “la clave para cualquier diálogo dependerá de la salida de Assad y el desmantelamiento de las agencias de seguridad del régimen responsables de todos los crímenes”.
Mientras, aviones gubernamentales atacaron ayer la aldea de al-Bab, a unos 30 kilómetros de la frontera con Turquía, matando a 18 personas, dijeron organizaciones activistas. Además, se registró otro atentado en Damasco y ataques en Alepo. Horas antes, el nuevo enviado de la ONU para Siria, Lakhdar Brahimi, reconoció que negociar el fin de la guerra civil será una tarea “muy, muy difícil”.
El presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer viajaba ayer a Siria, para discutir con el gobierno sobre la situación humanitaria y las dificultades para ayudar a los afectados.
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