El duelo y los niños

Nacemos para vivir y luego morir, ley real y natural.

Por: Ledia Gutiérrez

Nacemos para vivir y luego morir, ley real y natural.

Pero cuando sufrimos la pérdida de un familiar no lo vemos tan así.

Nos aferramos a la vida que negamos la muerte y también queremos evitar más dolor en nuestros pequeños hijos ocultándoselos de maneras y formas que no son las correctas.

Por ejemplo, evitamos que asistan a los actos que por costumbre realizamos, como es llevarlos a la iglesia, la vela y al cementerio.

Lo aconsejable es que se les enseñe a los niños desde pequeños que sí existe el fin de la vida mostrándoles como una mascota por ejemplo se enfermó o accidentó y se murió. Así de a poco también que conozcan que las personas tenemos un final que es morir.

Esto no quiere decir que vamos a evitarles que sientan la falta, que las pérdidas causan dolor. Se les puede hacer un daño psicológico muy grande cuando les mentimos, que la persona fallecida anda de viaje y estará por años, y la pregunta es cuánto tardará ese engaño y qué sentirá cuando sepa la verdad.

Decir lo que realmente sucede a los niños es también parte del amor, del respeto y de la transmisión de valores.

Son momentos difíciles, pero podemos aprovechar para expresarnos más amor, estar unidos en el dolor y uniendo fuerzas saldrán menos lastimados, tendrán más conciencia del valor de la vida, del mostrarnos siempre solidarios brindarnos mutuamente calor de familia y que mientras estemos vivos y unidos la vida será más grata.

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