El 22 de agosto recién pasado se realizó en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, el Primer Foro sobre el Fortalecimiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el cual fue organizado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado de Colombia y la universidad católica colombiana ya mencionada.
El propósito de ese Foro y de otros que se realizarán en distintos países de la región, es motivar la defensa del sistema interamericano de protección de los derechos humanos que se encuentra actualmente en situación emergencia. Desde el tiempo de las dictaduras militares del siglo pasado, los derechos humanos no habían sido tan violados como ahora en la región ni los mecanismos jurídicos que los defienden se habían visto tan amenazados.
Menos de un mes antes del foro de Colombia, Hugo Chávez había repetido una vez más sus virulentos ataques contra la CIDH y la amenaza de retirar de ella a Venezuela, porque ha condenado sus frecuentes violaciones a los derechos humanos. Un poco más atrás, a principios de junio, en la ciudad boliviana de Cochabamba la 42ª Asamblea General de la OEA discutió una propuesta del mismo Chávez y demás gobernantes autoritarios del Alba, dirigida a reducir esencialmente las facultades de la CIDH y liquidar su autonomía. La OEA postergó la decisión por nueve meses, pero entre tanto la espada pende sobre la cabeza de la CIDH que es uno de los pocos comités de esa organización regional de gobiernos que valen la pena.
Durante la reunión de la OEA en Cochabamba, el presidente de la CIDH, José de Jesús Orozco, denunció que “lo que está en juego, que nadie tenga duda, es el patrimonio de los Estados, la sociedad civil y los propios órganos interamericanos que hemos construido para que las actuales y futuras generaciones de todo el hemisferio puedan gozar de sus derechos humanos”. Y alertó que “la autonomía y la independencia de la Comisión son la fuente de su credibilidad y requisito indispensable de su eficacia”.
En realidad, lo que quieren los gobernantes populistas y autoritarios que pertenecen al Alba es que los organismos de derechos humanos solo sirvan para justificar sus atropellos, como lo hace en Nicaragua la gubernamental Procuraduría de Derechos Humanos. Y en ese empeño los gobernantes del Alba han encontrado muy poca o ninguna resistencia en los gobiernos democráticos.
De allí que resultara excepcional la declaración del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al inaugurar el Foro de la Universidad Javeriana, de que en la defensa de los derechos humanos no se admiten términos medios, que no hay lugar para el silencio ni se debe mirar para otra parte. Y que por eso su gobierno “está comprometido con la labor del Sistema Interamericano de Derechos Humanos” y “apoya plenamente” sus instituciones y su trabajo.
Tal vez ahora otros gobernantes democráticos de la región se animen a seguir el ejemplo de su colega colombiano y le planten cara a los regímenes del Alba, para impedir que consigan su torcido propósito de terminar con los mecanismos de defensa de los derechos humanos.
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