Wilder Pérez R.
Mientras una parte de los habitantes del Pacífico de Nicaragua se asustaban con una serie de tres temblores en el litoral, los científicos del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) exhalaban tranquilidad frente a los sismogramas.
“Lo que nos preocupa es cuando no hay sismos en un día”, afirmó Angélica Muñoz, directora de Geofísica del Ineter.
Pues ayer los sismólogos estaban relajados, pues hubo tres temblores que la gente pudo sentir, en especial el de Carazo, de magnitud 4.6 Richter, aunque a casi 129 kilómetros de profundidad.
No es que los científicos amen las catástrofes. De hecho, ninguno de los sismos de ayer provocó daños. La tranquilidad está en lo que eso significa.
“Son importantes este tipo de temblores, porque evitan que haya un solo movimiento (brusco), hacen que la fricción entre las placas Coco y Caribe sea suave”, explicó Muñoz.
La experta recordó que la placa Coco se hunde bajo la Caribe, que es donde está Nicaragua. Este roce hace que el país se mueva entre tres y cinco centímetros por año.
Cuando deja de temblar por largo tiempo, la energía de la Tierra se acumula, provocando terremotos capaces de causar tsunamis y erupciones volcánicas.
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