El embajador del reino de España en Nicaragua, don León de la Torre Krais, dijo en declaraciones a LA PRENSA publicadas el lunes de esta semana que su país ya tocó fondo en la crisis económica que lo agobia y ahora empezará el proceso de recuperación.
La frase del embajador español no tiene desperdicio. Vale para España, sin duda, donde están aplicando drásticas reformas para salir de la crisis económica y recuperar el crecimiento; y es válida también en Nicaragua, donde la oposición necesita cobrar conciencia de que debe tocar fondo en su propia crisis, a fin de reconstruirse y poder alcanzar la capacidad de derrotar al régimen autoritario y reconstruir la democracia y el Estado de Derecho erosionados por el orteguismo.
Dice el escritor mexicano Arnoldo Kraus, que la locución “tocar fondo suele usarse, sobre todo, en forma individual, aunque, en ocasiones, hace referencia a lo que sucede en la comunidad. La expresión siempre alude a hechos negativos, a condiciones adversas. Supone que la persona toca fondo cuando conoce e identifica todos los factores desfavorables que condicionaron el problema. Las sociedades lo hacen cuando controlan algunas de las circunstancias que amenazan la convivencia o frenan el deterioro del grupo. Tocar fondo significa haber reconocido los agravantes y, de ser posible, iniciar su manejo. A escala individual es más factible modificar el entorno y tener éxito. En el ámbito comunitario las posibilidades de recuperación son magras: son muchos los actores, poca la voluntad de los responsables y demasiadas las mermas acumuladas. Ni la historia, ni quienes la escriben, suelen perdonar”.
El principio de tocar fondo es usado exitosamente por los grupos de recuperación de personas enfermas de adicciones —alcohólicos, drogadictos, ludópatas, etc.— como fundamento de los tratamientos psicoterapéuticos que son indispensables para la rehabilitación personal de los adictos. Solo cuando estos se convencen a sí mismos de que han tocado fondo, que ya no pueden hundirse más porque más abajo solo queda la muerte, logran adquirir la fuerza de voluntad indispensable para poder recuperarse y reconstruir sus vidas que ellos mismos arruinaron.
Este principio se lo debe aplicar la oposición de Nicaragua, la cual no podría estar más hundida que como está ahora. Daniel Ortega no ha logrado acumular tanto poder solo por su propia fuerza y habilidad. Está allí por las debilidades orgánicas, las fallas estratégicas y las incompetencias políticas de la oposición. Esto, como un axioma, es tan evidente que no necesita demostración.
Pero, ¿estarán conscientes los líderes opositores de que han llegado al fondo, que ya no hay más abajo posible y que si no tocan el fondo el régimen autoritario orteguista va a durar tanto tiempo o más que su gemela, la dictadura somocista? La verdad es que solo ellos lo saben, pero mientras la oposición no toque fondo y cobre conciencia de ello, no podrá comenzar a reconstruirse y recuperarse.
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