Recientemente Arnoldo Alemán salió de Nicaragua a conocer el mundo. Viajó a Cuba y a China comunista, dos países donde no funciona la Interpol, porque en Panamá está circulado ante esta organización antilavado de dinero mal habido por los depredadores fiscales, donde Alemán tiene lo que allí se conoce como “Huaca 2” o “Donación Taiwán”.
Alemán, junto con su socio de correrías financieras, fue condenado a 20 años de prisión en Nicaragua, aquí lo llevaron a conocer la celda que tenía destinada, “si políticamente no se portaba bien”. Nunca estuvo preso y gozó de plena libertad, administró su Partido Liberal, firmó pactos políticos y vivió haciendo favores a sus compinches serviles.
La “Huaca 2” o “Donación Taiwán” está formada por la cuenta bancaria No. 102000396, por 2,610,971.08 dólares. Las firmas libradoras son las de Byron Jerez, Ethel Jerez y Valeria Jerez.
La cuenta bancaria No. 1510001794 responde por 9,518,367.01 dólares. Las firmas libradoras de esta cuenta son las de Byron Jerez, Arnoldo Alemán y Alfredo Fernández, secretario de Alemán.
La cuenta bancaria No. 800253006, por 4,331,930.21 dólares, es exclusiva del socio de Alemán, Byron Jerez.
La “Huaca 2” o “Donación Taiwán” comprende también los bienes “aprehendidos” (congelados) siguientes: un lujoso apartamento en Vista Marina, tres casas en Clayton, una residencia en Costa Azul y una camioneta marca Brav 4.
En total el dinero y los valores congelados en Panamá suman 9,153,156.44 dólares en efectivo y los bienes muebles 362,752.23 dólares. Para un total de 9,540,108.67 dólares.
Según los expedientes judiciales revelados por las investigaciones periodísticas, todo ese dinero fue sacado de Nicaragua a los Estados Unidos, República Dominicana y Suiza, una labor financiera digna de un experto corredor de bolsas.
¿Cuánto dinero salió de esas cuentas para los depredadores? A nadie en este país le ha interesado saberlo y mucho menos recuperar esa fortuna para beneficiar al país.
Se sabe que ese dinero sirvió para pagar 1,800,000 dólares que Alemán gastó con sus tarjetas de crédito en su fastuosa boda en Miami, donde sus invitados fueron alojados en hoteles de lujo.
No hay en la historia universal ni en la mitología un personaje con quien se pueda comparar a Arnoldo Alemán, como maestro del chantaje y soborno. Su más depurada invención, que le dio un resultado inimaginable, fue la creación de los “megasalarios”, los cuales podían duplicar para “convencer” al corrupto más ambicioso.
Como alcalde de Managua comenzó su carrera de sobornador infalible. Si su primera oferta no era suficiente, él doblaba la parada. Parece que nadie le resultó infranqueable; porque, además, sabe escoger al sujeto cuya conciencia quiere comprar.
La “Huaca” de Panamá es tan solo una muestra de lo que Alemán sabía hacer con el dinero robado a los nicaragüenses. Desde el empresario honesto más destacado, hasta el humilde vendedor de frutas o chucherías en los semáforos, fueron víctimas de la rapiña arnoldista; porque todos ellos con sus duros trabajos pagan impuestos, que bien aplicados, servirían para mejorar la vida de esas multitudes condenadas al trabajo informal.
Como socio del Gobierno, por medio del pacto que llevó al poder al actual gobernante inconstitucional, Alemán siempre está presto para aportar a alguno de sus sumisos seguidores para llenar cualquier vacante en la administración pública, si es que hay alguien que, asqueado de tanta corrupción, sea capaz de renunciar a un megasalario y denunciar la deshonestidad con que se manejan los negocios públicos.
El autor es periodista.
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