En 32 municipios pertenecientes a 11 departamentos y una de las regiones autónomas del Caribe, se han venido produciendo protestas, algunas violentas, de militantes y simpatizantes del FSLN que rechazan el dedazo, o sea la imposición desde arriba de las candidaturas del partido de gobierno para alcaldes, vicealcaldes y concejales.
Estas protestas han sido calificadas como una especie de “rebelión en la granja”, en alusión a la así titulada novela del escritor británico George Orwell, en la cual describe en forma de ficción zoológica el sistema de opresión de una sociedad totalitaria y la lucha por la libertad que se libra en su interior. Pero la rebelión en la granja orteguista no tiene motivaciones democráticas. Es más bien una lucha sórdida por el control del poder de abajo, en las estructuras básicas del partido y en las alcaldías y corporaciones municipales.
En realidad, en las luchas de miembros y seguidores del partido orteguista contra el dedazo, no hay ninguna demanda de garantías electorales, no se exige la cedulación indiscriminada, no se critica la partidarización y corrupción del Consejo Supremo Electoral. Tampoco se reivindica el pluripartidismo y el derecho de todos los ciudadanos a participar libremente en la vida política del país, y mucho menos el derecho y la libertad de cambiar gobernantes.
La verdad que es muy difícil, por no decir imposible, que en un partido de naturaleza y fines totalitarios haya militantes con pensamiento, ideales y propósitos democráticos. Si el objetivo del partido es imponer un régimen totalitario, por definición sus militantes son partidarios del totalitarismo. Igual ocurre con los partidos democráticos, cuyos miembros necesariamente son demócratas.
Por supuesto que esto no excluye las luchas internas en los partidos cerrados y totalitarios. La historia es rica en enseñanzas de que en los partidos del totalitarismo ocurren las divisiones más enconadas y para sofocarlas se realizan purgas implacables, incluyendo crímenes políticos. Eso ha ocurrido hasta en los partidos más disciplinados y monolíticos de los países totalitarios, comunistas y fascistas.
En la actual “rebelión en la granja” del FSLN se puede apreciar dos corrientes que se mueven en paralelo y se juntan al mismo tiempo. Una de ellas es la contradicción entre la llamada vieja guardia del FSLN con los miembros advenedizos y los representantes de la llamada “juventud eterna” , que disfrutan las más lucrativas e influyentes posiciones en el régimen orteguista. Y la otra corriente es la lucha por alcanzar los puestos de alcaldes y concejales, que tienen gran valor político y producen mucho beneficio económico, no solo por el acceso directo a los recursos públicos sino también por los empleos para parientes y amigos que se prodigan en los municipios.
Para la causa de la democracia es bueno que ocurran esos pleitos dentro del partido totalitario y ojalá llegaran hasta la ruptura. Pero sería un error esperar que de allí pueda salir el cambio democrático que se necesita en Nicaragua.
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